Tate Britain – Thomas Seddon - Jerusalem and the Valley of Jehoshaphat from the Hill of Evil Counsel
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La paleta cromática se caracteriza por tonos terrosos: ocres, marrones y verdes apagados dominan la representación del paisaje árido y montañoso. El cielo, de un azul pálido, contrasta con la calidez de los colores terrestres, creando una sensación de amplitud y distancia. La luz parece provenir de un ángulo elevado, proyectando sombras que acentúan el relieve del terreno y sugieren una atmósfera diáfana.
En primer plano, se aprecia la presencia humana a través de la figura de un hombre sentado sobre un banco o caballete, posiblemente un artista o un observador contemplativo. La inclusión de este personaje introduce una escala humana en la inmensidad del paisaje, invitando al espectador a identificarse con su punto de vista. Además, se distinguen grupos de animales pastando en el valle, lo que refuerza la idea de un entorno rural y pastoral.
La ciudadela fortificada, ubicada en la parte superior del horizonte, es un elemento clave en la composición. Su imponente presencia sugiere una historia rica y compleja, evocando imágenes de poder, religión y conflicto. La arquitectura defensiva, con sus muros altos y torres almenadas, contrasta con la naturaleza agreste que la rodea, creando una tensión visual interesante.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con el paisaje bíblico, la historia, la contemplación y la relación entre el hombre y la naturaleza. La elección del lugar –el Valle de Josafat– podría aludir a eventos proféticos o a un significado espiritual más profundo. La figura del observador sugiere una reflexión sobre la experiencia humana frente a la vastedad del tiempo y el espacio. El paisaje, con su belleza austera y sus contrastes dramáticos, invita a la meditación y a la introspección. La composición general transmite una sensación de quietud y solemnidad, invitando al espectador a sumergirse en la atmósfera evocadora del lugar representado.