Tate Britain – Marcus Gheeraerts II - Portrait of Mary Rogers, Lady Harington
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La modelo exhibe una elaborada indumentaria propia de la época. Se observa un corpiño ricamente decorado con un intrincado patrón geométrico en tonos oscuros, posiblemente terciopelo o brocado, que contrasta con el encaje translúcido que se asoma en el escote y los puños. El cuello está cubierto por una amplia gola de encaje, también muy ornamentada, que sugiere opulencia y sofisticación. La complejidad del vestuario es notable; cada puntada, cada pliegue parece estar meticulosamente representado.
En su mano izquierda sostiene un abanico cerrado, un accesorio común en los retratos femeninos de la época, que denota elegancia y control. La mano derecha descansa sobre una tela roja, posiblemente terciopelo, que sirve como base para un objeto pequeño y brillante, presumiblemente una joya o insignia. La luz incide directamente sobre estas superficies, resaltando su textura y brillo.
El rostro de la mujer es sereno y ligeramente inclinado, con una expresión que sugiere nobleza y compostura. El cabello, peinado en rizos elaborados, se eleva desde la frente, un estilo popular en el siglo XVII. Se aprecia una pequeña joya, quizás un rubí, prendida en su cuello, añadiendo un toque de color a la paleta dominada por los tonos oscuros y neutros.
La composición es formal y simétrica, típica del retrato cortesano. La iluminación es clara y dirigida, enfocándose en el rostro y las manos de la modelo para enfatizar su importancia. El uso del fondo oscuro contribuye a crear una atmósfera de misterio y solemnidad.
Más allá de la mera representación física, esta pintura sugiere un mensaje sobre el estatus social y económico de la retratada. La riqueza de los materiales, la complejidad del diseño y la formalidad de la pose son indicadores claros de su posición privilegiada en la sociedad. La presencia de la joya y el abanico refuerzan esta idea de refinamiento y distinción. El retrato funciona como una declaración visual de poder y pertenencia a la élite.