Uffizi – Beato Angelico (Fra Angelico) - Coronation of the Virgin
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Al frente, dos figuras centrales presiden la ceremonia: un hombre barbado, vestido con una túnica roja y corona de espinas, se encuentra en posición central, extendiendo sus manos hacia una mujer ataviada con azul, quien recibe la coronación. Ambos están asentados sobre una estructura circular que parece flotar en el espacio.
Un vasto grupo de figuras humanas rodea a los protagonistas centrales. Se distinguen tanto hombres como mujeres, vestidos con ropajes ricos y variados, que parecen contemplar la escena con reverencia y devoción. Algunos levantan sus manos en señal de adoración o alabanza, mientras otros se inclinan respetuosamente. La multitud es densa y compacta, creando una sensación de unidad y participación colectiva en el evento divino.
La luz juega un papel fundamental en la obra. Además del resplandor dorado general, hay destellos más concentrados que iluminan los rostros de las figuras principales y algunos detalles específicos de sus vestimentas. Esta iluminación selectiva contribuye a resaltar su importancia dentro de la composición.
En el primer plano, se aprecia una pareja arrodillada, con expresiones de profunda humildad y sumisión. Su posición sugiere una ofrenda o un acto de consagración ante la divinidad representada en el centro. La paleta de colores es rica y vibrante, aunque dominada por los tonos azules, rojos y dorados, que refuerzan la atmósfera de solemnidad y esplendor.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de poder divino, intercesión maternal y la conexión entre lo terrenal y lo celestial. La multitud representa a la comunidad de creyentes, testigos privilegiados de un evento trascendental. La disposición de las figuras y el uso magistral de la luz sugieren una jerarquía espiritual, donde los protagonistas centrales ocupan una posición superior, mientras que los demás participan en su gloria. El gesto de coronación implica no solo la investidura real, sino también la elevación a un estado de santidad y beatitud eterna. La escena evoca una sensación de esperanza y redención, invitando al espectador a contemplar la promesa de una vida más allá de lo mundano.