Diego Rodriguez De Silva y Velazquez – La venerable madre Jerónima de la Fuente
Ubicación: Prado, Madrid.
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En sus manos sostiene un crucifijo de madera, cuyo tamaño y posición enfatizan su papel religioso y la importancia del sacrificio en su vida. La composición es sobria y austera; no hay elementos decorativos superfluos ni un fondo elaborado. El espacio se reduce a una penumbra que acentúa la figura central y contribuye a crear una atmósfera de recogimiento y solemnidad.
La paleta cromática, dominada por tonos oscuros –negro, gris–, contrasta con el blanco del encaje, creando un efecto visual que resalta la pureza y la virtud que se asocian tradicionalmente con las figuras religiosas femeninas. El uso de la luz es fundamental; no solo ilumina el rostro y el hábito, sino que también modela las formas y crea una sensación de profundidad.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece explorar temas relacionados con la fe, la abnegación y la espiritualidad. La postura de la mujer, su mirada fija y el crucifijo en sus manos sugieren una vida dedicada a la oración y al servicio religioso. La ausencia de elementos mundanos refuerza la idea de un desapego del mundo material y una entrega total a lo divino. Se intuye una biografía marcada por la disciplina y la renuncia, posiblemente con una vocación que ha moldeado su identidad y su destino. La inscripción en latín en la parte superior añade una capa de significado, aludiendo a sus virtudes o a un evento significativo en su vida, consolidando así su imagen como un modelo de piedad y rectitud.