Vasily Vereshchagin – Beggars in Samarkand. 1870
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La figura central, un hombre de porte distinguido aunque visiblemente demacrado, se apoya contra la pared con una actitud de resignación o cansancio. Su vestimenta es rica y elaborada: un abrigo adornado con intrincados motivos geométricos en tonos dorados y azules contrasta con su rostro marcado por el sufrimiento y la edad. Un turbante envuelve su cabeza, y un pañuelo rojo resalta sobre sus hombros. En su mano sostiene un bastón, cuyo extremo parece estar decorado, posiblemente como una forma de mendicidad o para solicitar limosna. La expresión en su rostro es compleja: hay tristeza, pero también una cierta dignidad que se niega a ser quebrantada por la miseria.
A su izquierda, otro hombre, vestido con ropas más sencillas y un abrigo blanco, permanece sentado en el suelo, con las manos juntas en lo que podría interpretarse como una súplica o una actitud de contemplación. Su postura es encorvada, reflejando una vulnerabilidad palpable. En la distancia, se vislumbra una tercera figura, también vestida modestamente, y un minarete que sugiere un entorno arquitectónico característico del Oriente Medio o Asia Central.
La paleta de colores es cálida, dominada por tonos ocres, dorados y verdes terrosos, que contribuyen a crear una atmósfera opresiva y desoladora. La luz incide sobre las figuras desde la izquierda, proyectando sombras que acentúan su dramatismo y resaltan la textura de sus ropas y la rugosidad de la pared.
Más allá de la representación literal de mendigos, la obra parece sugerir una reflexión sobre la desigualdad social, la pobreza y el sufrimiento humano. La riqueza del hombre central contrasta con la miseria de los otros personajes, insinuando quizás una crítica a las estructuras de poder o a la indiferencia ante la necesidad ajena. La pared que sirve de telón de fondo puede interpretarse como un símbolo de barreras sociales e inmovilidad. El bastón, más allá de su función práctica, podría ser un emblema de dependencia y vulnerabilidad. La escena evoca una sensación de aislamiento y desesperanza, pero también una persistente dignidad humana frente a la adversidad.