Vasily Vereshchagin – Market in Nizhny Novgorod. 1872. Oil on canvas. 90x140 cm
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La luz juega un papel crucial en la obra. Una iluminación difusa, probablemente proveniente de un cielo parcialmente nublado, baña la escena, suavizando los contrastes y creando una atmósfera realista. Se aprecia cómo la luz incide sobre las fachadas de los edificios, resaltando su textura y volúmenes, así como sobre la multitud que se agolpa en el mercado.
El autor ha prestado especial atención a la representación de la gente. Una gran cantidad de figuras pueblan el espacio, cada una con sus propias actividades: vendedores ofreciendo sus productos, compradores examinándolos, niños jugando y mendigos extendiendo su mano. La diversidad de vestimentas sugiere diferentes estratos sociales presentes en este lugar público. Se distinguen campesinos con ropas sencillas, comerciantes con atuendos más elaborados y figuras que podrían ser miembros de la clase alta, observando la escena desde un balcón elevado.
La disposición de los elementos dentro del cuadro transmite una sensación de dinamismo y vitalidad. La multitud se mueve en diferentes direcciones, creando líneas diagonales que guían la mirada del espectador hacia el fondo de la composición. Los objetos dispersos por el suelo – cestas, mercancías, animales sueltos – contribuyen a la impresión de un lugar vivo y auténtico.
Más allá de la mera representación de una escena cotidiana, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la sociedad rusa del siglo XIX. La presencia de la fortaleza en el fondo podría simbolizar el poder centralizado y la tradición, mientras que el mercado representa la vida económica y social del pueblo. El contraste entre la opulencia de los edificios y la sencillez de las vestimentas de algunos personajes puede aludir a las desigualdades sociales existentes. En definitiva, la obra invita a contemplar la complejidad de una sociedad en transición, donde conviven elementos tradicionales y modernos, riqueza y pobreza, poder y humildad. La atmósfera general es de un realismo sereno, sin juicios explícitos, dejando que el espectador interprete los subtextos presentes en la escena.