Château de Versailles – Adam Frans van der Meulen -- Louis XIV at the Siege of Lille, August 1667
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En primer plano, un grupo numeroso de figuras ecuestres ocupa el centro de la composición. Una figura central, ataviada con una indumentaria ostentosa –un abrigo ricamente decorado y un sombrero adornado– destaca sobre los demás. Monta un caballo blanco, lo que acentúa su posición de preeminencia. A su alrededor se agrupan otros personajes, también a caballo, vestidos con ropas elegantes y militares, sugiriendo una corte o comitiva acompañando al líder. La disposición de estos individuos no parece indicar una formación militar organizada; más bien, denota un ambiente de supervisión y observación del conflicto desde una posición segura.
El dinamismo se transmite a través de la representación de los caballos. Algunos relinchan, otros galopan con energía, creando una sensación de movimiento y vitalidad en el cuadro. La luz incide sobre las figuras principales, resaltando sus atuendos y rostros, mientras que el resto del grupo se difumina ligeramente, contribuyendo a enfatizar la importancia del personaje central.
Más allá de la representación literal de un evento bélico, la obra parece tener una función propagandística. La presencia de la corte en medio del campo de batalla no solo legitima la acción militar, sino que también busca proyectar una imagen de poder y control. El líder, al aparecer como un espectador imperturbable de la contienda, se presenta como alguien superior a las dificultades y capaz de dominar el destino de la ciudad asediada. La meticulosa atención al detalle en los trajes y armaduras refuerza esta idea de opulencia y autoridad.
La composición general sugiere una narrativa de triunfo inminente. Aunque la ciudad está sitiada, la presencia del líder y su corte transmite un mensaje de confianza y victoria. El paisaje, aunque amenazante por la proximidad de la batalla, se presenta con cierta serenidad, como si el resultado fuera predecible y favorable a las fuerzas representadas. La escena, en definitiva, no es simplemente una crónica de un asedio, sino una declaración visual del poderío y la legitimidad de quien lo comanda.