Pierre Gaubert – Portrait of Marie-Adélaïde de Savoie, Duchesse de Bourgogne, Shown in her Hunting Costume near the Grand Canal of Fontainebleau Château de Versailles
Château de Versailles – Pierre Gaubert -- Portrait of Marie-Adélaïde de Savoie, Duchesse de Bourgogne, Shown in her Hunting Costume near the Grand Canal of Fontainebleau
Aquí se observa una representación de una joven noble, presumiblemente en un retrato de corte del siglo XVIII. La figura femenina domina la composición, ataviada con un llamativo traje rojo que contrasta con el entorno natural. El vestido, de diseño complejo y con detalles dorados, sugiere riqueza y estatus elevado. La postura es deliberadamente teatral: una mano extendida hacia el frente, como si ofreciera algo o señalara un punto distante, mientras que la otra sostiene un abanico negro, elemento recurrente en la iconografía femenina de la época. El fondo revela un paisaje idealizado, con un canal extenso que se pierde en la distancia y árboles frondosos que enmarcan la escena. A la izquierda, una estructura arquitectónica con una escultura de perfil recuerda a los jardines clásicos franceses, evocando un ambiente de refinamiento y poder. Un pequeño perro, posado a sus pies, añade un toque de familiaridad y cercanía a la imagen, suavizando la formalidad del retrato. La elección del atuendo de caza es significativa. No se trata simplemente de una prenda; el traje sugiere una conexión con la naturaleza, aunque filtrada a través de la lente de la nobleza. La duquesa no participa en la cacería activa, sino que se presenta como observadora y dueña del territorio. El atuendo, por tanto, funciona como un símbolo de su posición social y su derecho a disfrutar de los placeres de la vida cortesana. El gesto de la mano extendida es particularmente interesante. Podría interpretarse como una invitación al espectador a compartir en la escena, o bien como una demostración de generosidad y benevolencia propias de un personaje de alta alcurnia. La mirada directa hacia el frente, aunque ligeramente distante, establece una conexión con quien observa, reforzando su presencia imponente. En general, la pintura transmite una imagen cuidadosamente construida de nobleza, poder y refinamiento. El artista ha empleado una paleta de colores vibrantes y una composición equilibrada para crear un retrato que celebra el estatus y la personalidad de la retratada, al tiempo que alude a su papel dentro del entramado social y político de la época. La escena, aunque aparentemente sencilla, está cargada de subtextos relacionados con la identidad, el poder y el lugar de la mujer en la sociedad aristocrática del siglo XVIII.
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El fondo revela un paisaje idealizado, con un canal extenso que se pierde en la distancia y árboles frondosos que enmarcan la escena. A la izquierda, una estructura arquitectónica con una escultura de perfil recuerda a los jardines clásicos franceses, evocando un ambiente de refinamiento y poder. Un pequeño perro, posado a sus pies, añade un toque de familiaridad y cercanía a la imagen, suavizando la formalidad del retrato.
La elección del atuendo de caza es significativa. No se trata simplemente de una prenda; el traje sugiere una conexión con la naturaleza, aunque filtrada a través de la lente de la nobleza. La duquesa no participa en la cacería activa, sino que se presenta como observadora y dueña del territorio. El atuendo, por tanto, funciona como un símbolo de su posición social y su derecho a disfrutar de los placeres de la vida cortesana.
El gesto de la mano extendida es particularmente interesante. Podría interpretarse como una invitación al espectador a compartir en la escena, o bien como una demostración de generosidad y benevolencia propias de un personaje de alta alcurnia. La mirada directa hacia el frente, aunque ligeramente distante, establece una conexión con quien observa, reforzando su presencia imponente.
En general, la pintura transmite una imagen cuidadosamente construida de nobleza, poder y refinamiento. El artista ha empleado una paleta de colores vibrantes y una composición equilibrada para crear un retrato que celebra el estatus y la personalidad de la retratada, al tiempo que alude a su papel dentro del entramado social y político de la época. La escena, aunque aparentemente sencilla, está cargada de subtextos relacionados con la identidad, el poder y el lugar de la mujer en la sociedad aristocrática del siglo XVIII.