Château de Versailles – Hippolyte Flandrin (1809-1864) -- Self-portrait
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El hombre, de mediana edad, exhibe una expresión serena pero introspectiva. Su mirada es directa, casi desafiante, aunque no carece de cierta melancolía. La barba tupida y el cabello revuelto sugieren un carácter bohemio o al menos poco convencional para la época. Viste con ropas oscuras, probablemente de lana, que acentúan su figura robusta y contribuyen a la atmósfera sombría del retrato.
La mano izquierda se apoya sobre el caballete, mientras que la derecha sostiene un pincel, indicando su oficio como artista. Un anillo visible en este dedo añade un detalle personal, posiblemente simbólico de estatus o compromiso. La presencia del caballete y el pincel son elementos clave para comprender la naturaleza autorreferencial de la obra; no solo se trata de una representación física, sino también de una declaración sobre la identidad profesional del retratado.
La composición es deliberadamente austera. El fondo negro elimina cualquier distracción, enfocando toda la atención en la figura central. Esta simplicidad refuerza la sensación de introspección y solemnidad. La disposición del cuerpo, ligeramente girado hacia el espectador, crea una conexión íntima, como si el artista invitara a compartir un momento de reflexión personal.
Subtextualmente, se percibe una tensión entre la serenidad exterior y una posible turbulencia interna. El rostro, aunque tranquilo, revela rastros de preocupación o melancolía. La oscuridad que lo rodea puede interpretarse como una metáfora de las dificultades inherentes a la vida del artista, o quizás como una representación de su mundo interior, complejo y a menudo incomprensible para los demás. La imagen transmite un sentido de individualidad y orgullo profesional, pero también una cierta soledad, propia de aquellos que se dedican a una vocación creativa. La obra parece aspirar a la monumentalidad, evocando modelos clásicos del retrato, aunque con una sensibilidad más moderna y personal.