Château de Versailles – Doyen, Gabriel-François -- Triomphe d’Amphitrite ou la Pêche
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En el centro de la composición, sobre una concha marina adornada con motivos vegetales, reposa una figura femenina, presumiblemente personificación de una divinidad o ninfa, ataviada con ropajes suntuosos y una expresión serena que contrasta con la agitación circundante. A su lado, se alza una figura masculina imponente, coronado y portador de un cetro y un tridente, atributos que lo identifican como una deidad marina, probablemente Poseidón o Neptuno. Su presencia irradia autoridad y dominio sobre el entorno.
La escena está poblada por numerosas figuras masculinas, algunas con semblante angustiado, otras en actitud servil, que parecen ser tritones, ninfas marinas o incluso víctimas de la furia del océano. El agua, representada con una técnica virtuosa que captura su movimiento y transparencia, se convierte en un elemento activo, arrastrando consigo a los personajes y contribuyendo al dinamismo general de la obra.
En lo alto, sobre las nubes, una figura femenina alada, posiblemente una ninfa o una representación de la Fortuna, dispersa flores sobre la escena, introduciendo un elemento de gracia y benevolencia en medio del caos. La luz que emana de esta figura ilumina a los personajes principales, acentuando su importancia dentro de la narrativa visual.
Subtextualmente, el cuadro parece explorar temas como el poder divino frente a la fragilidad humana, la dualidad entre la calma y la tempestad, y la relación entre la belleza idealizada y la fuerza bruta de la naturaleza. La concha marina sobre la que se asienta la figura femenina podría simbolizar la protección o el refugio en medio del caos, mientras que las flores dispersadas sugieren una recompensa o un favor divino. La composición, a pesar de su aparente exuberancia, transmite una sensación de tensión y dramatismo, invitando al espectador a reflexionar sobre la naturaleza efímera de la existencia y la omnipresencia de fuerzas superiores. La técnica pictórica, con su énfasis en el claroscuro y el movimiento, contribuye a crear una atmósfera de grandiosidad y misterio.