Vincent van Gogh – Still Life with Frutillarias in a Copper Vase
Ubicación: Orsay Museum (Musée d’Orsay), Paris.
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En esta obra, el autor presenta un bodegón centrado en un ramo de flores dispuestas en un jarrón de cobre. La composición es relativamente sencilla: el jarrón, robusto y con una textura que sugiere metal trabajado, sirve como base para las flores que se elevan hacia arriba, ocupando la mayor parte del espacio pictórico.
Las flores, identificables por sus pétalos anaranjados y forma alargada, contrastan fuertemente con el fondo azul oscuro, casi nocturno, construido a través de pinceladas densas y visibles. A la izquierda, se observa una flor solitaria en un estado de marchitez, con pétalos desprendidos y un tallo inclinado. Esta inclusión introduce un elemento de decadencia que contrasta con la vitalidad del ramo principal.
El tratamiento de la luz es peculiar; no hay sombras suaves ni gradaciones sutiles. En cambio, el artista emplea pinceladas cortas y empastadas para crear una sensación de vibración lumínica en las flores y el jarrón. La superficie pictórica se vuelve tangible, casi escultórica.
El uso del color es expresivo. El azul intenso del fondo podría evocar melancolía o introspección, mientras que los tonos cálidos de las flores sugieren una efímera belleza. La flor marchita, con sus colores apagados, introduce un motivo de reflexión sobre la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del paso del tiempo.
El jarrón de cobre, sólido y terrenal, podría simbolizar la permanencia frente a la fragilidad de las flores. La disposición de los elementos sugiere una contemplación silenciosa de la naturaleza y sus ciclos. La pincelada enérgica y el tratamiento expresivo del color sugieren que el autor no busca una representación realista, sino más bien transmitir una emoción o un estado de ánimo particular. Se percibe una tensión entre la belleza vibrante y la inevitable descomposición, invitando a una reflexión sobre la dualidad inherente a la existencia.