Vincent van Gogh – Self-portrait
Ubicación: Galerie Belvedere, Wien.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La paleta cromática se concentra en tonos cálidos: ocres, amarillos, naranjas y marrones dominan la composición, aplicados con pinceladas gruesas y visibles, creando una textura rugosa y vibrante. El rostro está modelado mediante estos colores, sugiriendo un juego de luces y sombras que acentúa las arrugas y los rasgos marcados del individuo. La barba rojiza, densa y desordenada, contribuye a la impresión de rudeza y cierta melancolía.
El fondo es prácticamente negro, una ausencia deliberada de detalles que intensifica el foco sobre la figura retratada. Esta oscuridad no solo sirve como contraste para resaltar los tonos cálidos del rostro, sino que también podría interpretarse como un símbolo de aislamiento o introspección.
La expresión en el rostro es compleja: hay una mezcla de determinación y cansancio, quizás incluso una sombra de sufrimiento. La boca está ligeramente fruncida, lo que sugiere una tensión interna. El cabello, igualmente pintado con pinceladas expresivas, parece desbordarse del marco, añadiendo a la sensación de inquietud y vitalidad contenida.
Más allá de la representación física, esta pintura transmite un profundo sentido de introspección y vulnerabilidad. El autor no busca una idealización del sujeto; al contrario, presenta una imagen honesta y sin adornos, que revela las marcas del tiempo y las complejidades de la experiencia humana. Se percibe una búsqueda de autenticidad, una voluntad de mostrarse tal como es, con sus imperfecciones y contradicciones. La intensidad de la mirada sugiere un deseo de conexión, pero también una reserva, una distancia emocional que invita a la reflexión sobre el estado interior del retratado.