Ivan Konstantinovich Aivazovsky – Sea on a moonlit night in 1858 54h54
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El cielo ocupa la mayor parte del espacio pictórico, con una densa acumulación de nubes oscuras que parecen envolver la escena. A través de estas nubes, emerge una luna brillante, cuyo resplandor se refleja en el mar creando un juego de luces y sombras que intensifica la atmósfera dramática. La luz lunar no es uniforme; irradia destellos plateados sobre las olas, delineando su movimiento y contribuyendo a la sensación de inestabilidad.
El mar, representado con pinceladas vigorosas y una paleta de verdes oscuros y azules profundos, se muestra embravecido. Las olas se alzan en crestas espumosas, sugiriendo un temporal o una tormenta inminente. La superficie del agua está agitada, reflejando la luz lunar de manera fragmentada y contribuyendo a la sensación de movimiento constante.
El velero, situado en el lado derecho de la composición, parece pequeño e insignificante frente a la magnitud del mar y el cielo. Su silueta es oscura y apenas discernible contra el fondo nocturno, lo que sugiere vulnerabilidad y soledad. Las velas están desplegadas, indicando que la embarcación está navegando, aunque su destino permanece incierto.
La pintura evoca una serie de subtextos relacionados con la naturaleza humana frente a las fuerzas de la naturaleza. La lucha del velero contra el mar puede interpretarse como una metáfora de los desafíos y obstáculos que enfrentamos en la vida. El marco circular refuerza esta idea, sugiriendo un universo cerrado donde el individuo se enfrenta a su destino. La luz lunar, aunque brillante, no disipa completamente la oscuridad, lo que implica que incluso en los momentos más luminosos, siempre existe una sombra o incertidumbre. La obra transmite una sensación de melancolía y misterio, invitando al espectador a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y el poder abrumador del mundo natural. La ausencia de figuras humanas acentúa esta impresión de aislamiento y contemplación solitaria.