Ivan Konstantinovich Aivazovsky – Sea. Koktebel 1853 82,5 h118
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En esta obra se presenta una escena marina dominada por un cielo crepuscular de tonos cálidos y fríos que contrastan notablemente. El horizonte inferior está ocupado por una costa rocosa escarpada, con montañas que emergen abruptamente del mar. La luz del sol poniente irradia desde el punto de fuga central, reflejándose en las olas y creando un brillo dorado sobre la superficie del agua.
A la izquierda, se distingue un barco de tres mástiles navegando con dificultad a través de aguas agitadas. Las velas están parcialmente desplegadas, sugiriendo una lucha contra el viento o quizás una reciente tormenta. La embarcación parece pequeña en relación con la inmensidad del mar y las montañas, enfatizando la vulnerabilidad humana frente a la naturaleza.
En primer plano, a la derecha, se observa una pequeña barca varada en la playa arenosa. Su posición sugiere abandono o un breve descanso de los elementos. La presencia de figuras humanas diminutas cerca de la embarcación añade una escala y un sentido de soledad.
La paleta cromática es rica y variada, con predominio del azul turquesa, el dorado, el ocre y tonos rojizos en las nubes. El tratamiento de la luz es particularmente notable; no solo ilumina la escena sino que también crea una atmósfera melancólica y dramática.
Subtextos potenciales podrían incluir la representación de la fuerza implacable de la naturaleza, la fragilidad de la existencia humana y la lucha por la supervivencia. La soledad del barco varado y las figuras en la playa pueden evocar sentimientos de aislamiento y reflexión sobre el paso del tiempo y los desafíos de la vida marítima. El cielo crepuscular podría simbolizar un momento de transición o incertidumbre, mientras que el mar agitado representa los obstáculos y peligros inherentes a la aventura y la exploración. La obra sugiere una contemplación sobre la relación entre el hombre y su entorno, así como una apreciación por la belleza sublime de la naturaleza en su estado más salvaje.