Ivan Konstantinovich Aivazovsky – Crete 102h155 1897
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La parte izquierda del cuadro está ocupada por una masa montañosa, representada con pinceladas sueltas que sugieren la textura rugosa de la roca y la vegetación escasa que la cubre. Un denso manto vegetal, en tonos verdes intensos, se extiende a lo largo de la base de la montaña, creando un contraste notable con el cielo diáfano que se abre más allá.
En primer plano, sobre una formación rocosa saliente, se agrupa un conjunto de figuras humanas. Su disposición y tamaño sugieren una actitud contemplativa, como si estuvieran absortas en la belleza del panorama ante ellas. La luz incide sobre sus siluetas, creando sombras que acentúan su presencia dentro del espacio.
El mar, extendido hasta donde alcanza la vista, se presenta con un brillo iridiscente, producto de la interacción entre la luz solar y las olas. En el horizonte, una ciudad costera se revela a través de una bruma suave, sus edificios delineados apenas por la claridad atmosférica. La presencia de embarcaciones en el agua sugiere actividad comercial o pesquera.
La paleta cromática es predominantemente cálida, con tonos dorados y amarillos que inundan la escena, transmitiendo una sensación de serenidad y luminosidad. El uso del claroscuro contribuye a crear profundidad y a dirigir la mirada del espectador hacia los puntos focales de la composición: las montañas, el mar y la ciudad distante.
Más allá de la mera descripción de un paisaje, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. La presencia de las figuras humanas en primer plano invita a la contemplación y al asombro ante la inmensidad del entorno natural. La atmósfera etérea que envuelve la ciudad le confiere un aire de misterio e idealización, como si se tratara de una visión más que de una representación literal. Se intuye una intención de evocar un sentimiento de nostalgia o anhelo por un pasado idealizado, donde la armonía entre el hombre y su entorno era una realidad palpable. La luz dorada, casi mística, refuerza esta impresión de trascendencia y belleza atemporal.