Favorite saints
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En el registro superior, ocupa un lugar central una figura femenina sentada sobre un trono, sosteniendo en su regazo a un niño pequeño. Ambos están vestidos con ropajes blancos y luminosos, irradiando una sensación de pureza y divinidad. A ambos lados de esta pareja se disponen otras figuras masculinas, ataviadas con túnicas de colores variados, que parecen ofrecer reverencia o intercesión. La disposición es simétrica, aunque la individualidad de cada figura se manifiesta en sus gestos y expresiones.
El segundo registro presenta una serie de personajes igualmente vestidos con túnicas, pero con una paleta cromática más intensa y contrastada. Se percibe un movimiento ligeramente diferente en las posturas, sugiriendo quizás una variedad de roles o atributos dentro del contexto religioso al que pertenece la obra. La figura central de este registro destaca por su vestimenta carmesí, lo cual podría indicar una posición de importancia o liderazgo.
Finalmente, el registro inferior repite la estructura de los anteriores, con figuras ataviadas y dispuestas en un orden aparentemente preestablecido. La uniformidad en las poses y la relativa falta de individualización en estos personajes sugieren que podrían representar a santos menores o a aquellos cuya función es más de suplica que de autoridad.
El uso del halo dorado alrededor de cada figura refuerza su carácter sagrado, mientras que la perspectiva plana y la ausencia de profundidad espacial son características típicas de la iconografía religiosa de esta tradición. La expresividad se concentra en los rostros, aunque simplificados, transmiten una sensación de serenidad y devoción.
Más allá de la representación literal de figuras religiosas, la obra parece transmitir un mensaje de fe, esperanza y redención. El orden y la simetría sugieren un cosmos armonioso bajo el dominio divino, mientras que la repetición de los gestos de reverencia enfatiza la importancia de la oración y la devoción personal. La degradación del fondo dorado, lejos de restar valor a la obra, añade una capa de significado, evocando la transitoriedad de lo terrenal frente a la eternidad espiritual. Se intuye un propósito didáctico: instruir al espectador sobre el panteón religioso y fomentar su propia conexión con lo sagrado.