Holy myrrh-bearing women
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A la derecha del sarcófago, un ángel alado se sienta sobre un trono sencillo pero digno. Su postura es formal y su mirada dirigida hacia el espectador, transmitiendo una sensación de anuncio o revelación. El halo dorado que lo rodea enfatiza su naturaleza celestial.
En el lado izquierdo, tres figuras femeninas, ataviadas con ropas de colores intensos –rosado, púrpura y un tono más apagado– se aproximan al sarcófago. Cada una sostiene un objeto: uno parece llevar un recipiente metálico, posiblemente para ungüentos o incienso; otro, un paño; el tercero, permanece con las manos juntas en señal de oración o contemplación. Sus halos también son dorados, indicando su santidad y participación en este evento trascendental.
El fondo presenta una composición compleja: una densa maraña de puntos oscuros que recuerdan a la noche o al vacío primordial, interrumpida por un edificio blanco con arcos, posiblemente representando el sepulcro original o un templo. Esta estructura se eleva sobre la escena principal, creando una jerarquía visual y sugiriendo una conexión entre lo terrenal y lo divino.
La paleta de colores es rica y contrastada: los tonos dorados y blancos predominan en las figuras sagradas, mientras que el sarcófago exhibe matices más oscuros y terrosos. Esta contraposición refuerza la idea de la luz divina que ilumina la oscuridad del sepulcro.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como la muerte, la resurrección, la fe y la devoción femenina. La presencia del ángel sugiere una intervención divina en los acontecimientos, mientras que las mujeres representan la compasión, el arrepentimiento y la esperanza. El sarcófago, más allá de su función literal, simboliza la tumba como umbral hacia la vida eterna. La arquitectura blanca en el fondo podría interpretarse como un símbolo de pureza o una referencia a la Jerusalén celestial. La composición general invita a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre los misterios de la fe.