Icon of the Mother of God of Smolensk
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La mujer, presumiblemente una madre, está vestida con ropajes que sugieren dignidad y reverencia. Su rostro, aunque estilizado y poco realista en términos occidentales, transmite una expresión serena y contemplativa. Los ojos, grandes y expresivos, parecen dirigirse hacia el espectador, estableciendo un vínculo de conexión espiritual. La cabeza está cubierta por un velo o manto que le confiere un aire de misterio y santidad.
El niño, posicionado en su brazo izquierdo, se apoya contra ella con una actitud relajada. Su rostro es más juvenil y presenta una sonrisa sutil, lo que podría interpretarse como una manifestación de inocencia y alegría divina. La proximidad física entre la madre y el hijo refuerza el vínculo afectivo y la unidad espiritual que los une.
El fondo dorado, característico del arte bizantino y ortodoxo, no es simplemente un color; funciona como un símbolo de lo divino, de la luz celestial y de la eternidad. La superficie dorada está dañada por el paso del tiempo, mostrando grietas y desprendimientos que añaden una capa de textura y complejidad a la imagen. Estas marcas de deterioro, lejos de disminuir su valor, contribuyen a su aura de antigüedad y veneración.
El halo que rodea las cabezas de ambos personajes es un elemento iconográfico fundamental que los identifica como figuras sagradas, dotadas de una gracia divina. La técnica pictórica empleada parece ser la del temple sobre tabla, con una aplicación meticulosa de capas finas de pigmento para lograr efectos de profundidad y luminosidad.
Subtextualmente, esta imagen evoca temas universales relacionados con la maternidad, la protección, la fe y la trascendencia. La postura de la mujer sugiere una actitud de entrega y devoción, mientras que la presencia del niño simboliza la esperanza y la renovación espiritual. La iconografía, aunque estilizada, busca transmitir un mensaje de consuelo y guía para el creyente. El estado de conservación, con sus evidentes signos de envejecimiento, invita a la reflexión sobre la naturaleza efímera de la existencia humana frente a la permanencia de lo divino.