Crucifixion
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A sus pies, se aprecia un cráneo, símbolo tradicionalmente asociado con el relato bíblico de Adán y, por extensión, con la redención del pecado original a través del sacrificio representado. La tierra revuelta que lo rodea sugiere la fragilidad de la existencia humana y la conexión intrínseca entre la vida y la muerte.
En la parte inferior izquierda, cuatro figuras humanas se agrupan alrededor de la cruz. Sus vestimentas, en tonos contrastantes –rosado, marrón oscuro, rojo intenso y blanco– contribuyen a la jerarquización visual y a la diferenciación de roles dentro del contexto narrativo. Las manos de algunas de estas figuras están alzadas en gesto de súplica o consternación, mientras que otras parecen observar con una mezcla de dolor y resignación. La aureola dorada que rodea las cabezas de algunos personajes indica su santidad o importancia espiritual.
En la parte superior, sobre un fondo dorado, se distinguen dos aves oscuras, posiblemente cuervos, que aluden a la profecía del Viejo Testamento sobre el sacrificio y la muerte. La inscripción en caracteres griegos, situada justo encima de la cruz, probablemente contiene una invocación o una frase clave relacionada con el evento representado.
El uso predominante de colores planos y la ausencia de perspectiva realista son característicos de un estilo iconográfico que prioriza la transmisión de un mensaje espiritual sobre la fidelidad a la representación naturalista. La composición es estática y formal, buscando evocar una sensación de solemnidad y trascendencia. La luz dorada, omnipresente en el fondo y en las aureolas, simboliza la divinidad y la esperanza en medio del sufrimiento.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre el sacrificio, la redención, la fe y la condición humana frente a la adversidad. La representación no busca generar una respuesta emocional inmediata, sino invitar a la contemplación y a la reflexión sobre los misterios de la existencia. La quietud de las figuras y la monumentalidad de la cruz sugieren una aceptación del destino y una invitación a la perseverancia en la fe.