Saints Boris and Gleb
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La paleta es rica en rojos, ocres y dorados, colores tradicionalmente asociados a la realeza, el sacrificio y lo divino dentro del contexto iconográfico oriental. La piel oscura de los personajes contrasta notablemente con la luminosidad del fondo dorado, atrayendo la atención hacia sus rostros serenos y expresivos. Uno de ellos sostiene un objeto alargado que parece ser una cruz, símbolo central en la tradición cristiana. El otro personaje porta un puñal o daga, cuyo significado se adivina como relacionado con su martirio o muerte violenta.
La disposición de los cuerpos es simétrica, aunque no idéntica; las posturas ligeramente diferentes y la sutil variación en los detalles de sus vestimentas contribuyen a individualizar a cada uno de ellos. Se percibe una atmósfera de quietud y resignación, reforzada por la ausencia de elementos narrativos adicionales o paisajes que pudieran contextualizar la escena.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece aludir a temas de sacrificio, fe y poder. La presencia del arma sugiere un evento trágico, mientras que los atuendos lujosos indican una posición social prominente antes de su muerte. La serenidad en sus rostros podría interpretarse como una aceptación pacífica del destino, o incluso como una manifestación de la divinidad a través del sufrimiento. El uso del dorado no solo resalta su santidad, sino que también evoca un reino celestial y eterno, trascendiendo la realidad terrenal. La iconografía, aunque estilizada y poco realista en cuanto al retrato individual, busca transmitir un mensaje espiritual profundo sobre la virtud y el martirio.