"Juegos Reales" de Grigory Gorin, resumen
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Escrita en 1995, la obra reinterpreta la relación entre el monarca inglés Enrique VIII y Ana Bolena. Se trata de una aguda sátira sobre el funcionamiento del poder estatal, que combina hechos reales del siglo XVI con elementos grotescos y pura tragicomedia. Dirigida por Mark Zakharov, la producción en el Teatro Lenkom de Moscú fue un rotundo éxito. Por esta obra, los creadores recibieron el Premio Estatal de la Federación Rusa y el premio teatral Crystal Turandot.
El nacimiento de la pasión y la ambición
La narración comienza con una escena doméstica en la finca del tesorero real, Thomas Boleyn. El ama de llaves está enseñando las normas de conducta a un nuevo sirviente sordomudo. Pronto sale a la luz un secreto familiar. Mary Boleyn sostiene en brazos a un bebé: el hijo ilegítimo del rey Enrique VIII. El rey se ha distanciado de ella. El tesorero Thomas tiembla ante el poder y está dispuesto a soportar cualquier deshonra con tal de obtener beneficios.
El cardenal Wolsey llega a la finca en una misión secreta. La atención del monarca se ha centrado en Ana Bolena, la hermana menor de María. La joven ha regresado de Francia y se ha comprometido en secreto con Lord Percy. Los jóvenes se juran fidelidad. El cardenal intenta separar a los amantes. Le informa al joven del testamento de la monarca: Percy está obligado a casarse con la hija del conde Talbot de inmediato.
Enrique VIII irrumpe en la casa con el pretexto de una cacería de jabalíes. Ruge, grita y se comporta como un salvaje. El emperador despide a su séquito y se queda a solas con Ana. La joven declara abiertamente su odio, llamando al monarca un oso desaliñado y un mal músico. Enfurecido, Enrique organiza una competición mortal, obligando a Percy a cazar un jabalí. El mozo de cuadra sobrevive, pero resulta gravemente herido.
La ira del rey se transforma en compasión. Toma su laúd y le canta una tierna canción a Ana. El monarca le ruega a la joven que se convierta en su amada. Enrique lamenta su matrimonio maldito con Catalina de Aragón. Todos los hijos que ella tuvo murieron. La joven responde con una sonora bofetada. Consiente en la intimidad solo con una condición: el soberano debe divorciarse de su esposa y convertir a Ana en la legítima reina de Inglaterra.
El cisma de la Iglesia y el nuevo orden
El tiempo transcurre. Anna organiza un salón literario al estilo francés. Reúne a su alrededor al filósofo Thomas More, al poeta Wyeth, a su dama de compañía Jane Seymour y a varios músicos. El tío de Anna, Lord Norfolk, se siente incómodo entre los intelectuales. El poeta Wyeth recita poesía. Thomas More reflexiona sobre las imperfecciones del mundo.
El cardenal Wolsey trae noticias catastróficas. El Papa se niega a conceder la anulación del matrimonio. Las tropas del rey español se han acercado al Vaticano y el pontífice está aterrorizado. Enrique está furioso. El cardenal le aconseja que ceda y espere.
El secretario Cromwell aprovecha la oportunidad. Presenta un plan radical para el Estado. Propone aprobar una ley que declare traición a todos los sacerdotes que no reconozcan la supremacía de la corona. Ana apoya fervientemente esta severa medida. Enrique se declara públicamente cabeza de la nueva Iglesia de Inglaterra.
El cardenal Wolsey, dominado por el miedo, acepta convertirse en el primado de la nueva fe. El obispo Fisher y el filósofo Thomas More se niegan a traicionar sus ideales religiosos. Cromwell ordena a los guardias que expulsen a los pensadores rebeldes. El poeta Wyatt, incapaz de soportar la presión, profesa su amor apasionado por Ana. El monarca, irritado, ordena el arresto del poeta. Ana, triunfante, conduce a Enrique a su alcoba.
Expectativas defraudadas
Pronto, las campanas repican en el palacio real. Todo el país celebra el nacimiento del heredero. El ama de llaves y los sirvientes esparcen monedas de plata entre la multitud jubilosa. Un Enrique ebrio irrumpe en las habitaciones, dispuesto a abrazar a su hijo recién nacido. Isabel Bolena y Lord Norfolk intentan preparar al monarca para la desagradable noticia.
El monarca le quita los pañales y ve a una niña. Por un instante, queda cautivado por la sonrisa de la pequeña. Enrique admira sus fuertes brazos y su nariz aguileña. Sin embargo, la crisis política se hace sentir. Gales está en rebelión y los monasterios se resisten a las reformas. El monarca exige un hijo para apaciguar al pueblo.
Ana exige que Isabel sea declarada la princesa legítima. Se produce una disputa. El rey amenaza con anular el matrimonio. Anhela traer de vuelta del exilio a su dama de compañía, Jane Seymour. Ana se mantiene firme y obliga a su marido a firmar un decreto que declara día festivo nacional en honor a Isabel. Enrique accede, pero, enfurecido, destroza los muebles.
Conspiración y juicio
Thomas More y el obispo Fisher se sientan en duros bancos en la Torre de Londres. El cardenal Wolsey los persuade para que juren lealtad a la princesa recién nacida a cambio de su libertad. Los prisioneros se niegan a renunciar a sus convicciones. Cromwell aconseja al soberano que se deshaga de Ana por la vía legal. Acusar a la reina de infidelidad garantiza el apoyo total de la multitud.
Enrique convoca directamente a Jane Seymour a prisión. Le arranca las joyas que Ana le había regalado y la agrede sexualmente al son del himno nacional. Tras tomar su decisión final, el monarca ordena el arresto de su esposa.
Lord Norfolk llega a casa de su sobrina con una orden de ejecución. Intenta sobornar al ama de llaves y a un sirviente sordomudo para que den falso testimonio. El astuto Cromwell toma la iniciativa. Con frialdad, seduce al ama de llaves para que detalle las falsas orgías para el acta judicial.
Comienza el juicio a puerta cerrada. Ana se niega a sentarse en el banquillo de los acusados. Lord Norfolk es nombrado juez presidente, el cardenal Wolsey se convierte en fiscal y Cromwell asume el papel burlón de abogado defensor. Los guardias traen a los exhaustos músicos. Smeaton está cubierto de moretones sangrientos. Incapaz de soportar la tortura, el joven confiesa la violación de la reina.
Anna comprende la desesperanza de la situación. Abandona sus intentos de justificarse y pasa a la ofensiva. Grita que sí se acostó con Norris, Smeaton, el poeta Wyeth y su propio tío Norfolk. Este insulto público deja a Norfolk sin palabras. Queda paralizado. La audiencia judicial se cancela.
El último viaje
En la escena final, se erige un andamio de madera en el escenario. Enrique está aturdido. Se sienta junto a un músico sordomudo y emite extraños graznidos parecidos a los de un pájaro. Cromwell informa metódicamente sobre el programa de ejecuciones. Según el secretario, el monarca debe hacer un gesto con la mano para detener al verdugo. A esto le seguirá la alegría nacional y el exilio de Ana a una isla lejana.
La reina es llevada ante su esposo. En lugar de su camisa de lino blanco, luce un lujoso vestido negro. Enrique le promete una vida tranquila en un castillo apartado. Sueña con renunciar al peso del poder y vivir con ella como Adán y Eva. Ana rechaza esta ilusión. Sabe que el rey se casará con Jane Seymour al día siguiente.
La orgullosa mujer toma una decisión terrible. Salvarla a costa de la vergüenza privará a la pequeña Isabel de su derecho al trono. Ana le pide a Enrique que demuestre su amor y que asista a la ejecución. Solo una reina muerta dejará un heredero legítimo. El emperador cae de rodillas y aúlla de dolor. Ana le ofrece tiernamente su mano. Suena la música y, juntos, la pareja da sus primeros pasos hacia el cadalso.
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