"El demonio del páramo" de Viktor Dashkevich, resumen
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«El demonio del páramo» es una novela de 2024, la tercera entrega de la serie del conde Hermes Averin. Retoma la historia justo donde terminó la anterior, con Kuzya escapando al Páramo con la División Imperial, y rápidamente traslada el negocio de detectives privados al ámbito de la crisis nacional. Si bien se mantiene la estructura detectivesca original, la acción gira cada vez más en torno a los secretos del Páramo, los experimentos secretos del anciano Averin y la lucha por el trono.
Al comienzo de la novela, Hermes Averin vive casi mecánicamente: bebe, come mal, no puede perdonarse la muerte ni la desaparición de Kuzya y, por lo tanto, se aísla cada vez más de la vida cotidiana. Victor, Margarita, Vladimir y otros seres queridos comprenden que Averin solo se mantiene a flote por la culpa y el trabajo, así que intentan devolverle al menos un mínimo de compostura y obligarlo a concentrarse en su trabajo en lugar de en su autodestrucción.
El punto de inflexión llega cuando Averin encuentra las notas de su padre y descubre que este había estudiado el Yermo mucho más a fondo de lo que su familia y las autoridades creían. Se hallan rastros de experimentos anteriores en la cripta familiar, junto con la posibilidad de abrir un portal al mundo de las divas, aunque tal paso amenaza la vida de un humano y podría liberar a una criatura de primera clase en el imperio. Sin embargo, Averin decide correr el riesgo, pues allí reside su última esperanza de traer de vuelta a Kuzya.
La búsqueda de un camino hacia el Páramo también está ligada a la historia de la princesa Sofía, Vladimir, Monchinsky y otros, quienes se ven obligados a considerar no la difícil situación personal de Averin, sino las consecuencias políticas y militares de tal intervención. Viajes, reuniones y el análisis de documentos antiguos revelan que el conocimiento del Páramo se ocultó deliberadamente dentro del imperio, y que un círculo de individuos dispuestos a explotarlo para obtener poder se ha formado en torno a este secreto.
Tras una peligrosa experiencia, Averin finalmente obtiene pruebas de que Kuzya no ha desaparecido sin dejar rastro. El regreso de su amigo no trae consigo un simple alivio: Kuzya emerge del Páramo transformado, más salvaje, tenso y con un poder aterrador. Los primeros días en casa están marcados por la cautela, la ansiedad y el lento reconocimiento de su antiguo yo en una nueva forma. Para Averin, esto no representa un final feliz para su búsqueda, sino una nueva responsabilidad, pues ahora debe salvar a Kuzya no solo físicamente, sino también como persona.
La primera trama principal gira en torno a un caso que, en un principio, parece una investigación independiente, pero que poco a poco se entrelaza con el tema del poder heredado y los tabúes ancestrales. Averin y Viktor descubren la historia de una niña llamada Alyona, su familia, la hechicera Frenkel y una anciana bruja oculta tras nombres falsos y bajo la tutela de seres extraterrestres. A través de conversaciones sobre brujas, el entrenamiento ilegal de niñas en la brujería y las antiguas costumbres de transmisión del don, la novela demuestra que este entorno criminal no se sustenta en cuentos de hadas, sino en la violencia, el miedo y la costumbre de considerar a los niños como materia prima.
La investigación lleva a los protagonistas a casas aisladas, exhumaciones, vigilancia de sospechosos y enfrentamientos directos con quienes han ocultado la verdad durante años. Fundamentalmente, Averin no ve esta historia como un mal abstracto, sino como el destino real de los niños a quienes hechiceros y brujas adultos intentan someter a sus necesidades. Por lo tanto, la trama de «El aprendiz de bruja» no termina con una revelación árida, sino con una decisión moralmente contundente: un niño no puede permanecer en un sistema donde un don se convierte inmediatamente en un pretexto para la explotación y el abuso.
En la segunda parte, la magnitud de los acontecimientos aumenta drásticamente. Las desapariciones de hechiceros influyentes, el extraño comportamiento de figuras de la corte, el trabajo del investigador Serov, la creciente tensión en torno a Sophia y las señales de que, en algún lugar dentro del aparato estatal, un grupo que lleva tiempo tramando un golpe de estado está actuando. Averin comprende que tras estos crímenes aislados se esconde un único plan calculado, y que este plan está tan estrechamente vinculado al Yermo como la búsqueda de Kuzya.
La novela se desarrolla entonces en dos mundos distintos. Por un lado, en el mundo humano, se suceden arrestos, interrogatorios, negociaciones secretas y una lucha por el acceso a la información. En un momento dado, Averin se encuentra prácticamente aislado y obligado a operar al límite de la confianza que depositan en sus pocos aliados. Por otro lado, prisioneros secuestrados languidecen en el Páramo, entre ellos el príncipe Romodanovsky y otros poderosos hechiceros. Catherine los acompaña, intentando mantenerlos con vida en un mundo de frío, hambre y la constante amenaza de las Divas.
Este paralelismo es particularmente importante porque el Páramo no se representa como un abismo abstracto, sino como un lugar donde imperan sus propias leyes brutales. Surgen alianzas temporales, la posición de Kuzya cambia, aparecen gobernantes autoproclamados y cada paso en falso amenaza con la muerte de todos los cautivos a la vez. Cuando uno de los heridos regresa por el corredor y Averin lo reconoce como Romodanovsky, queda claro que la conspiración ya ha cruzado la línea y se trata de salvar a todo el imperio, no solo a unos pocos individuos.
El principal adversario se revela como un hombre que ha estado conspirando durante años, esperando el momento oportuno para atacar de una vez por todas al gobierno, al ejército y a la paz entre humanos y divas. Su plan se basa en una brecha masiva, en explotar el Páramo como fuente de poder monstruoso y en la convicción de que las viejas reglas ya no detendrán a nadie. Esto conduce a un clímax en el palacio: el espacio se quiebra, se abre un abismo, una criatura con alas gigantescas irrumpe en el salón, el pánico se apodera de la ciudad y la grieta se mantiene cerrada a costa de una herida grave y un esfuerzo casi sobrehumano.
En este momento, Averin ya no actúa como investigador privado, sino como el nexo de unión entre los distintos frentes de batalla. Abre un corredor con el Alatyr y su propia sangre, recibe a los prisioneros que regresan, coordina la ayuda e intenta impedir un nuevo avance. En este momento, Kuzya vuelve a demostrar su importancia crucial para la victoria: aporta información sobre la situación en el Yermo, exige el lanzamiento urgente de aviones con bombas y misiles, y establece de forma efectiva la lógica militar para el ataque final contra las fuerzas que emergen de la grieta.
El desenlace no borra el precio de la victoria. Tras la catástrofe, deben desentrañarse las huellas de la conspiración, atender a los heridos, reconstruir lo devastado y redefinir quién tiene ahora derecho a tomar decisiones en nombre del imperio. Sofía emerge ahora como la gobernante suprema, y su visita a casa de Averin para una modesta cena suena menos a una escena de salón que a un presagio de una nueva era política, surgida directamente del horror reciente.
La historia personal también llega a una conclusión clara, aunque no exenta de problemas. Averin regresa a casa, donde, tras una larga serie de crisis, finalmente vuelve la paz, y Kuzya vuelve a deambular por las habitaciones, refunfuñando, con su camisa favorita, intentando adaptarse a una vida tranquila. Esta paz es frágil, porque la experiencia en el Yermo ya los ha transformado a ambos, pero ahora tienen un hogar de nuevo, confianza y la oportunidad de seguir adelante sin la desesperanza del pasado.
Las páginas finales, deliberadamente, no dan un cierre completo a la historia. Tras la gran batalla, la novela se centra brevemente en una nueva investigación: Monchinsky y Savely reciben su primer caso conjunto, sobre un cadáver desmembrado en la isla Krestovsky, y el tono narrativo pasa de una catástrofe nacional al sombrío y monótono trabajo del mundo detectivesco. Este giro final no es necesario para causar impacto, sino para transmitir el mensaje preciso del autor: el imperio permanece intacto, los héroes sobreviven, pero el mal no ha desaparecido y el servicio continúa en la siguiente dirección.
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