Elementos distópicos en "Nosotros" de Yevgeny Zamyatin y su influencia en la literatura rusa
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En la literatura rusa del siglo XX, la novela "Nosotros" de Yevgeny Zamyatin ocupa un lugar especial como modelo arquitectónico de un modelo totalitario del futuro. Creada en 1920, la obra no solo reflejó las realidades del comunismo de guerra, sino que también articuló elementos clave del género distópico, que posteriormente se convirtió en canónico en la literatura mundial. El texto de la novela sirve como punto de partida para comprender cómo los mecanismos de represión individual se han transformado en la conciencia artística a lo largo de un siglo.
Génesis del texto y contexto histórico
Yevgeny Zamyatin escribió «Nosotros en Petrogrado», en el epicentro de las transformaciones revolucionarias. Ingeniero naval de formación, aplicó los principios de la lógica matemática y la mecánica a la estructura social, creando un modelo grotesco pero convincente de la sociedad. El manuscrito se completó en 1920, pero la censura soviética prohibió su publicación, considerándolo una caricatura cruel de un futuro socialista. La novela se publicó por primera vez en inglés en 1924 y no se publicó en el país natal del autor hasta 1988, durante la perestroika.
El momento histórico de la creación del libro determinó su estilo severo. La era del comunismo de guerra, con sus racionamientos, ejércitos de trabajo e intentos de regular la vida cotidiana, coincidió con las impresiones de Zamiatin sobre el trabajo en los astilleros ingleses, donde observó el trabajo mecanizado. De esta síntesis surgió la imagen del Estado Único: un sistema en el que el hombre se reduce a una función, a un «número». Zamiatin polemizó contra las ideas de los poetas proletarios que ensalzaban el colectivismo y la fusión del yo con las masas, revelando el lado oscuro de esta fusión.
Arquitectura del Estado Unificado
El espacio de la novela está organizado geométricamente y con precisión. Los habitantes del Estado Único viven tras la Muralla Verde, que separa el ordenado mundo humano del salvaje e irracional mundo de la naturaleza. La ciudad está construida de cristal: paredes de apartamentos transparentes, pavimentos de cristal y colmenas de viviendas transparentes. Esta transparencia cumple una doble función: simboliza la pureza de la lógica, libre de intenciones ocultas, y al mismo tiempo garantiza una vigilancia total. La Oficina de Guardianes (la policía secreta) tiene la capacidad de observar libremente la vida de cada Número a cualquier hora del día o de la noche.
El mundo de cristal de Zamiatin elimina el concepto de privacidad. Las cortinas de los apartamentos solo se pueden correr por breves periodos, reservados para encuentros sexuales estrictamente regulados por el estado. La propia arquitectura dicta un estilo de vida: lineal, transparente, sin rincones ni sombras. La ciudad funciona como un mecanismo único, donde las calles son cintas transportadoras y las personas son componentes que se mueven al unísono.
Las matemáticas de la falta de libertad
La ideología del Estado Único se basa en el culto a la racionalidad. Los residentes no adoran a dioses, sino a la lógica y a la tabla de multiplicar. La felicidad se entiende como la ausencia de libertad de elección, ya que es la elección la que da lugar a dolorosas dudas y errores. El Estado ha liberado a las personas del lastre de la libertad, sustituyéndola por una felicidad matemáticamente calibrada.
La vida de los Números se rige por la Tabla de las Horas, un horario que sincroniza las acciones de millones de personas. Se despiertan, empiezan a trabajar y se llevan la cuchara a la boca a la misma hora. El tiempo personal se reduce al mínimo (las llamadas Horas Personales), pero incluso esto es percibido por los ciudadanos ortodoxos como una falla del sistema que se corregirá en el futuro.
El protagonista, D-503, matemático y constructor de la nave espacial Integral, cree sinceramente en la belleza de esta falta de libertad. Para él, una línea curva es fea, y una línea recta, ideal. Los números irracionales (como la raíz cuadrada de -1) le provocan pánico, pues desafían la lógica convencional e insinúan la existencia de un mundo incognoscible más allá de la razón.
Control fisiológico y psicológico
El sistema de control de la novela impregna la biología humana. El amor, como emoción espontánea, se declara una reliquia de la antigüedad. En su lugar, existe una "Lex sexualis" (ley sexual): "Todo número tiene derecho a todos los demás números como producto sexual". Se emiten cupones rosas para ejercer este derecho. Los humanos se transforman en objetos de consumo, y la intimidad en un procedimiento higiénico y sanitario, carente de apego emocional.
La maternidad también se retira del ámbito personal y se transfiere al Estado. Las normas maternas y paternas determinan quién tiene derecho a reproducirse, basándose en principios eugenésicos. Los niños no pertenecen a sus padres, sino que se crían en fábricas estatales, lo que rompe los lazos familiares tradicionales y fomenta la lealtad exclusivamente al Benefactor y al Estado.
La culminación de la violencia psicológica es la Gran Operación: la extirpación quirúrgica de la fantasía. El Estado reconoce que el último bastión de la individualidad es la imaginación, la capacidad de soñar y crear otros mundos en la mente. Esta operación forzada transforma a las personas en biorrobots, privándolas para siempre de la capacidad de rebelarse o expresar su desacuerdo. Esta es la solución definitiva al "problema humano": convertir a las personas en tractores fiables con rostro humano.
Figura del Benefactor
En la cima de la pirámide se encuentra el Benefactor, una figura que combina las características de sumo sacerdote, verdugo y padre de la nación. Es reelegido anualmente en el Día de la Unanimidad, pero este procedimiento es un ritual, no una elección. La unanimidad es un requisito previo para la existencia del sistema; cualquier voto en contra se considera un fallo del sistema. El Benefactor no oculta su crueldad, justificándola con el "propósito superior" del bien común. Su poder es sagrado: la ejecución de un criminal se convierte en una liturgia solemne, donde el Benefactor actúa como la mano castigadora de la razón misma.
El lenguaje y el estilo como medio de caracterización
Zamiatin emplea un lenguaje singular para describir la mentalidad de un hombre del futuro. El discurso de D-503 está saturado de metáforas técnicas: se siente como una máquina bien engrasada, piensa en fórmulas y compara a las personas con engranajes y cronómetros. El autor emplea un estilo neorrealista, donde los detalles cotidianos adquieren un significado simbólico, a menudo aterrador. La sintaxis irregular de las entradas del diario del protagonista refleja la desintegración de su conciencia "matemática" bajo la influencia del despertar de sus sentimientos.
El simbolismo del color también influye en la idea. Los colores predominantes son el gris (uniformes) y el azul azulado (vidrio, hielo). El dorado se asocia con el sol y el caos de la vida antigua, mientras que el verde simboliza la vida descontrolada más allá del Muro. El amarillo y el negro suelen marcar la llegada de la I-330 y la destrucción del orden establecido.
Conflicto entre entropía y energía
El núcleo filosófico de la novela es la oposición entre la entropía (reposo, equilibrio, muerte) y la energía (movimiento, revolución, vida). Estados Unidos aspira a la entropía, un estado de reposo perfecto, donde todo cambio ha cesado. Los revolucionarios de «Mephi», en cambio, encarnan la energía que destruye las formas congeladas. Zamiatin, a través de I-330, articula la idea de la infinitud de las revoluciones: «No hay una última revolución; las revoluciones son infinitas». Esta tesis desafiaba directamente la doctrina bolchevique, que afirmaba que la Revolución de Octubre era definitiva y conduciría a la construcción de un paraíso eterno en la Tierra.
La sombra de lo integral: reflexiones en la literatura de los años 1920 y 1930
La influencia de "Nosotros" en el proceso literario de la primera mitad del siglo XX resultó paradójica. La novela, oficialmente inexistente en los círculos culturales soviéticos, estaba invisiblemente presente en el discurso intelectual, configurando un debate oculto. Los autores, sintiendo la creciente presión del aparato estatal, inevitablemente recurrieron a los mismos temas que Zamiatin, creando un diálogo singular con el libro "inexistente".
Vladimir Nabokov y la prisión epistemológica
El heredero más evidente de la tradición de Zamiatin en la literatura de emigrados fue Vladimir Nabokov con su novela Invitación a una decapitación (1935-1936). Aunque Nabokov se mostraba escéptico ante la idea de una influencia directa, los paralelismos entre los textos son evidentes en el ámbito de la arquitectura mundial. Cincinnatus C. es tan opaco a su entorno como D-503 lo es en momentos de duda. La fortaleza de Nabokov, donde todos conocen el día de la ejecución excepto el propio prisionero, es la idea de transparencia de Zamiatin llevada al extremo, donde la privacidad se equipara al crimen. Sin embargo, mientras que el conflicto de Zamiatin es social (el individuo contra el Estado), el de Nabokov es metafísico: espíritu contra materia vulgar, el creador contra el escenario.
Yuri Olesha y la rebelión de las emociones
En la Rusia soviética, la novela "Envidia" de Yuri Olesha (1927) exploró el conflicto entre el hombre "viejo" y el "nuevo", que Zamiatin resolvió quirúrgicamente en favor del "nuevo". Nikolai Kavalerov, portador de sentimientos "antiguos", envidia el nuevo mundo de Andrei Babichev: un mundo de salchichas, racionalidad y salud. Babichev es, en esencia, el ideal realizado de un número, carente de autorreflexión y completamente integrado en el sistema. Olesha demostró que el dilema de Zamiatin no requiere un escenario fantástico; ya se había desarrollado en la vida cotidiana del Moscú de la NEP.
Andrei Platonov: El lenguaje de la utopía como sentencia de muerte
La interpretación más profunda, aunque estilísticamente diferente, de este tema se encuentra en Andréi Platonin. En «El Pozo de los Cimientos» y «Chevengur», la construcción de la felicidad se transforma en la excavación de una tumba. Mientras Zamiatin usaba el lenguaje matemático para describir el futuro, Platonov creó un lenguaje burocrático que «devoraba» el significado humano. Los habitantes de «El Pozo de los Cimientos», al igual que los Números, están privados de pertenencia personal: viven para un «hogar proletario común» que nunca se construirá. En Platonov, la racionalización de la vida no conduce a un orden estéril, sino a la entropía y la muerte, lo que confirma la tesis de Zamiatin sobre la destructividad del fin último.
Transformación del género: del deshielo al estancamiento
Durante el Deshielo y el Estancamiento posterior, la ciencia ficción soviética comenzó a repensar con cautela la utopía comunista, desviándose hacia una advertencia.
Los hermanos Strugatsky: un experimento sobre la realidad
Arkady y Boris Strugatsky, quienes comenzaron como panegiristas del brillante mediodía comunista, en sus obras posteriores llegaron a modelos sociales oscuros similares al de Zamiatin. En la novela "La Ciudad Condenada", el experimento de los Mentores con residentes urbanos transportados de diferentes épocas evoca el papel del Benefactor. La ciudad, que vive en un espacio confinado bajo un sol artificial (que se enciende y se apaga según un horario), se asemeja al mundo aislado del Estado Único. Pero los Strugatsky fueron más allá: su sistema no es estático; cambia de régimen ideológico, poniendo a prueba la resiliencia humana en diversas condiciones, desde una economía distributiva hasta una dictadura fascista.
Deconstrucción posmoderna: tiempos modernos
Con el colapso del sistema soviético, la relevancia del «Nosotros» no desapareció, sino que adoptó nuevas formas. Los autores rusos contemporáneos han combinado la estructura de Zamiatin con elementos del ciberpunk, el grotesco de Sorokin y el solipsismo de Pelevin.
Vladimir Sorokin: arcaico y tecnológico
En su novela "El día del oprichnik" (2006), Vladimir Sorokin invierte el modelo de Zamiatin. En lugar de un culto al futuro y a la ciencia, da paso a un culto al pasado y a Iván el Terrible. Sin embargo, la estructura de la sociedad sigue siendo totalitaria: un muro que separa a Rusia del mundo, la vida transparente a la mirada del soberano (gracias a tecnologías "inteligentes") y una completa ausencia de libertad individual. En Zamiatin, la violencia se justifica por la lógica; en Sorokin, por la tradición sagrada. Sorokin demuestra que un "Estado Único" puede construirse no solo sobre la base de las matemáticas, sino también del patriotismo popular, manteniendo el mismo grado de represión del yo.
Victor Pelevin: Panóptico digital
Viktor Pelevin desarrolla el tema del control tecnológico en sus novelas "SNUFF" e "iPhuck 10". En "SNUFF", la sociedad se divide entre la élite (que vive en el extranjero) y los orcos en la base, una variante posmoderna de la división entre la Ciudad y el mundo salvaje más allá del Muro. La distopía de Pelevin se centra en la manipulación de la conciencia a través de los medios de comunicación y la inteligencia artificial. Mientras que en Zamiatin, el amor se controlaba mediante cupones, en "iPhuck 10" de Pelevin, la sexualidad se ha trasladado por completo al ámbito virtual, y la máquina de estado (algoritmos) regula los deseos a nivel neuroquímico, convirtiendo el contacto físico en algo arcaico. Esta es una evolución directa de la "Lex sexualis" en la era del capitalismo digital.
Tatyana Tolstaya: mutación de la cultura
La novela "Kys" de Tatyana Tolstaya ofrece una visión de un mundo postapocalíptico donde reina la mutación en lugar de la esterilidad. Las secuelas de la Explosión han sumido a la sociedad en una nueva Edad Media, pero la estructura de poder, basada en el miedo y la prohibición de libros, evoca prácticas totalitarias. El protagonista, Benedict, quien reescribe libros, es una copia distorsionada de D-503, quien escribe sus notas. Solo que en lugar de precisión matemática, existe el caos de la ignorancia, y en lugar del Benefactor, está la Gran Murza. Tolstaya demuestra que incluso después de la destrucción de la civilización, la matriz de la falta de libertad se reproduce.
La novela "Nosotros" ha dejado de ser un simple monumento literario para convertirse en un modelo universal para describir la realidad rusa. El código de Zamiatin — transparencia ante el poder, aislamiento del mundo, la sustitución del amor por sustitutos y la sacralización del Estado — se puede rastrear a lo largo del siglo. Desde los pozos de Platón hasta los oprichniks de Sorokin, la literatura rusa continúa lidiando con la ecuación planteada por Yevgeny Zamiatin: ¿es posible la felicidad sin libertad? ¿Existe el "yo" fuera del "nosotros"? Cada nueva generación de escritores encuentra sus propias variables para esta fórmula, pero la respuesta sigue siendo invariablemente trágica.
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