"Mármol" de Joseph Brodsky, un resumen
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La obra "Mármol", escrita por Joseph Brodsky en 1982, es un drama metafísico ambientado en un futuro hipotético estilizado como la Antigüedad clásica. La obra, la única obra del poeta, desarrolla temas clave como el tiempo, el espacio y la soledad a través de un diálogo entre dos presos condenados a cadena perpetua.
Acto I
Los acontecimientos transcurren en el siglo II d. C., en una cámara ubicada en una gigantesca torre de acero de casi un kilómetro de altura. La sala combina elementos de la arquitectura clásica con un búnker de alta tecnología: cuenta con una bañera, un teléfono, una pantalla de televisión y un ordenador para pedir comida, mientras que la vista desde la ventana se asemeja a la portilla de una nave espacial. En el centro de la cámara hay un hueco que sirve tanto de ascensor para la entrega de comida como de vertedero de basura. Los habitantes de la cámara son dos romanos: Publio, de treinta años, con una calvicie incipiente, y Tulio, de cuarenta, con un espíritu más intelectual.
Publio se divierte imitando el canto de un canario enjaulado, mientras Tulio lee en la bañera. Se produce una pelea entre los compañeros de celda por un pastel que Publio comió, aunque Tulio había planeado dárselo al pájaro. Resulta que el ordenador de la prisión regula estrictamente el menú, y los platos solo pueden repetirse una vez cada doscientos cuarenta y tres años. Publio intenta pedir mijo para el canario a través de Pleto, pero se lo niegan: cualquier pedido se le descuenta de sus propias raciones.
Durante la conversación, se revela la estructura de este mundo. El emperador Tiberio reformó el sistema judicial, sustituyendo la pena de muerte y diversas penas de prisión por cadena perpetua para un porcentaje fijo de la población (3%). Estar preso en la Torre no está necesariamente relacionado con un delito; es una especie de impuesto o deber cívico del que nadie es inmune. Tulio explica que el propósito de la Torre es aislar al hombre del Espacio para la pura existencia en el Tiempo.
Los héroes discuten sobre la liberación del canario, pero deciden quedárselo, ya que morirá a un kilómetro de altitud. La conversación deriva hacia temas filosóficos: Tulio afirma que un verdadero romano anhela la unidad y la ausencia de diversidad, ya que la diversidad es un signo de barbarie. Publio, por el contrario, anhela las alegrías terrenales y las mujeres. Tulio encarga un busto del poeta Horacio a Plethor, que se entrega en ascensor. Entonces Tulio decide deshacerse de una vieja mesita de noche de la que está cansado. Sus compañeros de celda luchan por levantar el pesado objeto y tirarlo por el conducto de basura. Tulio encarga una nueva mesita de noche de acero cromado. El acto concluye con reflexiones sobre la naturaleza de los escritores clásicos inmortalizados en mármol.
Acto II
La acción continúa después del almuerzo. Publio escucha música con auriculares y Tulio lee un periódico lleno de noticias de desastres y guerras que les parecen lejanas e irreales. Publio cree que el canario ha vuelto a cantar, pero Tulio se muestra escéptico y sugiere encargar un par para el ave. La conversación gira en torno al calendario: el calendario ha sido abolido, los días de la semana han perdido su significado.
De repente, las paredes de la cámara se transforman: aparece la proyección de un parque con senderos y estatuas. Los personajes pasean por el jardín virtual, conversando sobre las esculturas y la naturaleza de la realidad. Tulio observa un cisne y cita versos sobre el doble. La proyección les evoca melancolía y reflexiona sobre la futilidad de la reproducción y la creatividad. Tulio cree que la historia es una colección de clichés, y solo la poesía puede capturar la singularidad del momento.
Publio apaga la proyección, cansado de la artificialidad. Sueña con una vida sencilla, mujeres e incluso la guerra, solo para escapar de la Torre. Tulio, sin embargo, insiste en que la Torre es el lugar ideal para comprender el Tiempo, ya que reduce el espacio al mínimo. Compara al hombre con un callejón sin salida.
Le entregan una mesita de noche cromada nueva, que refleja la cámara como un espejo de feria. Tulio señala que la reflexión es necesaria para la existencia. Publio empieza a sospechar que Tulio esconde algo y encuentra un frasco de somníferos. Surge un debate sobre el suicidio y la huida. Tulio argumenta que la huida es imposible, ya que no hay escapatoria salvo la muerte. Publio, sin embargo, ve los somníferos como una forma de escapar, al menos temporalmente, de la realidad.
Tulio decide demostrar su desprecio por el mundo material y la herencia clásica. Comienza a arrojar metódicamente bustos de los grandes poetas romanos — Catulo, Tibulo, Propercio y Virgilio — por el vertedero de basura. Dejando solo los bustos de Ovidio y Horacio, Tulio da un paso radical: se sube al vertedero y desaparece en la oscuridad, dejando a Publio desconcertado y aterrorizado.
Acto III
Es temprano a la mañana siguiente. Publio despierta con el fuerte canto de un canario. Descubre que Tulio no está en su celda. El pánico lo invade al darse cuenta de su absoluta soledad en ese espacio reducido. Corre por la celda, revisa el inodoro y mira por el conducto de basura. La idea de estar solo para siempre lo aterra. Llama a Plethor para informarle de la desaparición de su compañero de celda.
De repente, resulta que Tulio no ha muerto ni se ha ido para siempre. Plethor informa que Tulio llamó desde la calle, compró mijo para el canario y está de regreso. Publio se sorprende: resulta que hay una salida de la Torre. Pronto, Tulio sale del ascensor, tranquilo e imperturbable. Explica que su "escape" por el conducto de basura fue una forma de ganarse el derecho a una pastilla para dormir, que obtuvo en una disputa con el sistema o consigo mismo.
Publio exige saber cómo logró escapar. Tulio describe su viaje a través del vertedero de basura, usando un colchón como palanca, y su posterior caída al Tíber. Sin embargo, regresó porque, en libertad, no hay nada más que el mismo espacio que desprecia. Para él, regresar a la Torre es una elección consciente en favor del Tiempo.
Surge un conflicto entre los héroes. Publio se siente traicionado, pues Tulio le ha ocultado la posibilidad de escapar. Empuñan espadas y comienzan a practicar esgrima. El duelo transcurre con lentitud, más como un ritual que como una batalla real. Tulio hiere accidentalmente a Publio en la rodilla. La visión de la sangre los devuelve a la serenidad. Tulio intenta vendar la herida, pero Publio se resiste, deseando una prueba de su realidad mediante el dolor y la sangre.
Tulio se prepara para su experimento principal. Calcula la dosis de somníferos para dormir exactamente diecisiete horas. Su objetivo es alterar su ritmo biológico y permanecer despierto cuando todos los demás duermen, para encontrarse en un tiempo "puro", libre de observación y ritmos externos. Toma las pastillas, se envuelve en una toga gris, que evoca el color del Tiempo, y se acuesta.
Publio se queda solo con su compañero de sueño. Le aterra la perspectiva de pasar diecisiete horas en silencio e inacción. Le ruega a Tulio que no se duerma, pero este ya se está quedando dormido. En un último intento por llenar el vacío, Publio acerca los bustos de los poetas a la cama de Tulio. Tulio, ya somnoliento, pide que acerquen aún más a Horacio y Ovidio. «El hombre está solo… como un pensamiento olvidado».
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