"La muerte de Lord Byron" de Walter Scott, resumen
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El ensayo, escrito en 1824, es a la vez un obituario y un profundo retrato literario y psicológico, elaborado por el gran novelista en memoria de su joven contemporáneo. El texto destaca por la forma en que Walter Scott, opositor ideológico de Byron, asume el papel de defensor de su reputación, diferenciando el genio del poeta de sus debilidades humanas y errores políticos.
La noticia de la muerte y la reacción del público
En medio de la calma política, Gran Bretaña se vio conmocionada por una noticia que sonó como la trompeta de un arcángel: Lord Byron había fallecido. Ocurrió el 19 de abril de 1824 en la ciudad griega de Missolonghi. La muerte redujo al poderoso genio, a quien sus contemporáneos habían contemplado con asombro y admiración, a la condición de un simple campesino. Walter Scott notó el cambio inmediato en el sentimiento público: las voces de detractores y críticos se silenciaron, reemplazadas por un sentimiento de tristeza, como si una gran luminaria hubiera desaparecido del cielo. Los críticos, que apenas ayer observaban las manchas solares, ahora comprendían la magnitud de la pérdida.
El autor cree que la brecha que ha surgido en la literatura británica no puede ser cubierta por la generación actual. A pesar de la abundancia de talento, nadie posee la originalidad que caracterizó el genio de Byron. El poeta falleció a los treinta y siete años, una edad en la que, se podría pensar, aún tenía mucho tiempo por delante para acrecentar su fama y corregir errores del pasado.
La naturaleza del carácter del poeta y sus delirios
Walter Scott procede a analizar la personalidad del difunto, buscando explicar las razones de su ambigua reputación. Los errores de Byron no se debieron a un corazón malvado ni a su indiferencia hacia la virtud. Al contrario, pocos fueron dotados de un alma tan compasiva y una mano tan generosa para ayudar a los desfavorecidos.
La raíz del problema residía en la combinación de talento excepcional, alto estatus social, riqueza y fuertes pasiones. Desde su juventud, Byron no había tolerado coerción ni restricciones. Las críticas no lo obligaron a justificarse, sino que solo reforzaron sus delirios. El autor compara al poeta con un caballo de guerra que, enfurecido, se lanza de pecho contra púas de acero, o con una víctima de una corrida de toros, a quien los pequeños pinchazos de las banderillas enfurecen más que la lanza de un oponente digno.
Muchas de las acciones provocadoras del señor fueron una forma de bravuconería, una respuesta despectiva a la opinión pública. Esto tuvo consecuencias trágicas: al publicar poemas sobre temas indecorosos, dio a sus enemigos motivos de triunfo y disgustó a sus amigos.
Opiniones políticas y patriotismo
Scott aborda el delicado tema de la postura política de Byron, cuyos discursos a menudo parecían una amenaza para la constitución británica. Sin embargo, el autor insiste en que, en el fondo, el poeta apreciaba sus orígenes británicos y su título aristocrático. A pesar de la "pequeña guerra de ingenio", en caso de un conflicto real entre la aristocracia y la democracia, habría defendido a su clase.
Esto se ve respaldado por las opiniones expresadas en los cantos finales de Don Juan y en la correspondencia privada. Byron argumentó que si la aristocracia estaba destinada a caer, sería mejor que cayera en manos de un monarca caballeroso que en manos de una turba ávida de poder. Declaró su disposición a luchar contra la anarquía y despreció a los demagogos que se dejaban llevar por las modas caprichosas de la turba. Su ideal era un mundo libre sin la tiranía de los reyes, pero también sin el dominio de la turba.
Patrimonio literario
Walter Scott elogió la labor de su colega, señalando que durante dieciséis años, comenzando con Childe Harold, nunca dejó de sorprender al público. Byron nunca se durmió en los laureles y descuidó las pequeñas preocupaciones sobre su fama, dejándola que se resolviera sola.
En su diversidad de temas y la amplitud de su comprensión de la vida humana, Scott sitúa a Byron a la par de Shakespeare. Dominaba cada cuerda del "arpa divina", desde las notas más delicadas hasta los acordes más potentes. Aunque recurría con mayor frecuencia a la musa trágica Melpómene, su genio era universal. El autor admira la generosidad creativa del poeta, quien en Don Juan esparció deliciosas imágenes poéticas con la facilidad de un árbol que pierde sus hojas al viento. Ahora, ese árbol ha sido talado en su mejor momento.
Misión y redención griega
Se presta especial atención a los últimos meses del poeta. La muerte no llegó por inactividad, sino al servicio de una gran causa: la liberación de Grecia de la opresión de sus conquistadores. Scott destaca la inesperada transformación del carácter de Byron durante este período. Hombre poco conocido por su prudencia en sus asuntos personales, demostró una sabiduría y una perspicacia notables al afrontar las difíciles circunstancias de la revuelta griega.
Byron logró controlar su impaciencia en aras de la causa común. La gente acudía a él en busca de orientación, intentando reconciliar a los líderes griegos en guerra y unir sus fuerzas. Persuadió con insistencia a los rebeldes para que dejaran de lado sus conflictos internos y se centraran en su principal objetivo: restaurar la independencia nacional. Los griegos le retribuyeron con ferviente gratitud.
Walter Scott concluye que morir en una cruzada por la libertad, como en la antigüedad, expía todos los pecados del pasado. El sacrificio de Byron por Grecia borra las manchas que la calumnia intentó arrojar sobre su nombre.
Epílogo y contexto del autor
Al final del texto, el autor añade una nota en respuesta a los críticos que lo acusaron de esperar la muerte del poeta para elogiarlo. Scott lo refuta, recordando que incluso durante el período más difícil de Byron (en medio de un divorcio escandaloso y la persecución pública), reconoció abiertamente su talento y lo defendió. Como prueba, cita un artículo publicado hace once años en la Quarterly Review, que trataba a su célebre amigo con igual respeto y honestidad.
Los comentarios sobre la publicación explican que el artículo de Scott no es simplemente un homenaje, sino también una expresión de su convicción de que la lucha por los derechos de los oprimidos es la forma más elevada de acción. A pesar de sus diferencias ideológicas (Scott era un conservador tory que temía la revolución), consideraba a Byron una gran figura y lamentó su pérdida.
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