Rijksmuseum: part 3 – Gabriël, Paul Joseph Constantin -- In de Winkel te Abcoude, 1870-1877
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
Comentarios: 1 Ответы
Проверьте сооответствие изображения названию
No se puede comentar Por qué?
En el centro de la composición, destaca un molino de viento, imponente en su verticalidad y construido con madera oscura. Su presencia es central, no solo por su tamaño sino también por su simbolismo inherente a la cultura holandesa: trabajo, resistencia ante los elementos, y una conexión profunda con la tierra. A lo lejos, se vislumbran otros dos molinos más pequeños, integrándose en la línea del horizonte y acentuando la sensación de vastedad.
Un grupo de ganado pastorea tranquilamente en el primer plano, contribuyendo a la atmósfera bucólica y pacífica. Los animales están representados con cierta naturalidad, sin idealizaciones excesivas, lo que refuerza la impresión de realismo. A la izquierda, un pequeño conjunto de árboles ofrece sombra y estructura al paisaje, sus hojas delineadas con pinceladas sueltas que sugieren movimiento y vitalidad.
La luz es difusa, propia de un día nublado o de una hora temprana en la mañana. No hay sombras marcadas; todo se baña en una luminosidad uniforme que contribuye a la sensación de calma y quietud. La atmósfera general evoca una vida rural sencilla y conectada con la naturaleza.
Subtextualmente, el cuadro parece explorar temas relacionados con la identidad holandesa, la laboriosidad del pueblo y su relación con el entorno natural. El molino, como símbolo central, podría interpretarse como una metáfora de la perseverancia y la adaptación frente a las adversidades. La tranquilidad del paisaje sugiere un anhelo por la estabilidad y la armonía en un mundo cambiante. La ausencia de figuras humanas enfatiza la importancia del paisaje mismo, sugiriendo que el verdadero protagonista es la tierra y sus ciclos naturales. Se percibe una cierta melancolía inherente a la escena, quizás una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad del cambio.