Bartolome Esteban Murillo – La Cuisine des Anges. Detail
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LA SUPERACIÓN DE LA MUERTE
Hierve mi energía,
y para qué no lo sé.
Sacan el ataúd de la morgue.
Los rostros
de los que están alrededor son grises.
No se cree en un prado espiritual,
no se cree que la muerte sea una frontera.
La vida es como la superación de
ese abismo esférico aterrador.
Hierve mi energía,
comienzo a comprender por qué:
para que estas líneas, sean cuales sean,
superen mis cenizas mortales, para que
no se lleve todo, como una barca, el ataúd.
El miedo a la muerte es terrenal, local.
Sólo la muerte lo disipa,
no se puede soportar.
Vuelven a sacar el ataúd de la casa.
Y los álamos están oxidados.
La tierra otoñal está triste,
y todo es familiar. Tan familiar.
La muerte es una señal. El código no está descifrado.
Ella impone el límite más racional
a los bosques y a las mies también,
como afirmaba Baratinski.
Repito: la muerte no es el final.
Entonces, ¿por qué este frío en la piel?
Y aún así, la energía hierve,
y las líneas resplandecen con vida.
Escribo, y ya no me asusta
que los días se desvanezcan hacia la muerte.
No se puede comentar Por qué?
La paleta cromática es dominada por tonos ocres y dorados que envuelven el rostro y el hábito, creando un halo luminoso alrededor de la figura. Este uso del color contribuye a una atmósfera mística y eleva al sujeto a una esfera superior, casi divina. La luz, aunque intensa, no es uniforme; se concentra en ciertas áreas, como los ojos y las manos, enfatizando su importancia dentro de la composición.
La técnica pictórica denota un manejo expresivo del pincel, con trazos visibles que aportan textura y dinamismo a la superficie. Las líneas son marcadas, especialmente alrededor de la boca y los ojos, lo cual intensifica la emotividad del retrato. Se aprecia una cierta aspereza en el tratamiento de la piel, que le confiere al personaje un realismo conmovedor, lejos de idealizaciones convencionales.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece explorar temas como la fe, el arrepentimiento y la búsqueda de redención. La postura del hombre, con las manos juntas en señal de plegaria, evoca una profunda humildad y dependencia ante una fuerza superior. El contraste entre la luz dorada que lo ilumina y las sombras que oscurecen su rostro sugiere una lucha interna, un conflicto entre el deseo terrenal y la aspiración espiritual. La ausencia de contexto ambiental refuerza la focalización en la experiencia subjetiva del individuo, sumergiéndolo en un espacio atemporal y universal. La imagen invita a la reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de sentido en la existencia.