Francois Boucher – Danaë and the Shower of Gold. Study
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La composición presenta a una figura femenina recostada sobre un lecho de telas rojas y verdes, con un drapeado que sugiere tanto intimidad como exposición. Su cuerpo desnudo, iluminado por una luz difusa, exhibe una postura relajada pero al mismo tiempo receptiva; su brazo izquierdo se extiende hacia arriba, en un gesto que parece invocar o recibir algo proveniente del espacio superior de la imagen.
Una lluvia dorada desciende sobre ella, partículas brillantes que contrastan con los tonos terrosos y rojizos predominantes. Esta precipitación no es uniforme: se concentra más directamente sobre el cuerpo de la mujer, enfatizando su vulnerabilidad y receptividad.
En el lado derecho del cuadro, figuras aladas – presumiblemente infantiles o querubines – observan la escena con expresiones diversas. Algunos parecen participar activamente en la lluvia dorada, mientras que otros contemplan a la figura central con una mezcla de curiosidad e inquietud. La presencia de estas criaturas introduce un elemento dinámico y posiblemente alegórico.
El fondo es nebuloso y oscuro, casi abstracto, lo que concentra la atención del espectador en los personajes principales y en el evento que se desarrolla. Se vislumbra una forma oscura, quizás animal o monstruosa, a la derecha, insinuando una amenaza latente o un poder desconocido relacionado con la lluvia dorada.
La pincelada es suelta y expresiva, característica de un estudio preparatorio más que de una obra finalizada. La textura es rica y palpable, transmitiendo una sensación de movimiento y sensualidad.
Subtextos potenciales:
El tema central parece ser el encuentro entre lo divino y lo humano, la fertilidad o la recepción de un don extraordinario. La lluvia dorada puede simbolizar la prosperidad, la bendición o incluso la concepción. Sin embargo, la presencia de las figuras aladas y la forma oscura en el fondo sugieren que esta experiencia no está exenta de complejidad o peligro.
La desnudez de la figura femenina podría interpretarse como una representación de la vulnerabilidad inherente a la recepción del poder divino, o como un símbolo de la belleza natural y la inocencia. El gesto ascendente de su brazo implica una búsqueda activa de esta conexión, pero también una pasividad ante el evento que se despliega. La escena evoca una tensión entre deseo y exposición, entre la promesa de abundancia y la amenaza potencial.