Metropolitan Museum: part 1 – Seymour Joseph Guy - The Contest for the Bouquet: The Family of Robert Gordon in Their New York Dining-Room
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La composición se organiza alrededor de una mesa formal, cubierta con una tela blanca inmaculada y adornada con vajilla de plata reluciente. La disposición de los elementos sugiere un ambiente de celebración o entretenimiento privado. Los niños, vestidos con ropas elegantes pero apropiadas para el juego, exhiben una energía desbordante; uno de ellos se eleva sobre los demás, intentando alcanzar el ramo que parece ser el premio en disputa. Su gesto es expresivo y captura la alegría del momento.
Las mujeres, por su parte, irradian una atmósfera de calma y refinamiento. Una de ellas sostiene a un bebé en sus brazos, mientras que la otra observa con una sonrisa contenida. Sus atuendos, elaborados y sobrios, reflejan el estatus social de la familia. La presencia del bebé introduce una nota de continuidad generacional y sugiere una visión idealizada de la vida familiar.
El comedor está ricamente decorado, lo que subraya la prosperidad económica de los retratados. Los cuadros colgados en las paredes, el aparador con objetos ornamentales y la alfombra persa contribuyen a crear un ambiente de lujo y sofisticación. La presencia de cornamentas sobre la chimenea añade un toque de masculinidad y sugiere una conexión con actividades al aire libre, aunque la escena se desarrolla completamente en interiores.
Más allá de la representación literal de una escena familiar, la pintura parece explorar temas relacionados con el estatus social, la educación infantil y los valores burgueses del siglo XIX. La competición por el ramo puede interpretarse como una metáfora de la competencia en la vida, mientras que la observación atenta de las mujeres sugiere un papel activo en la formación moral y social de los niños. El conjunto transmite una sensación de estabilidad y prosperidad, pero también insinúa una cierta rigidez en las normas sociales que rigen la vida familiar. La atmósfera general es de un orden cuidadosamente construido, donde incluso el juego está sujeto a las convenciones del decoro y la etiqueta.