Joaquin Sorolla y Bastida – My family
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En primer plano, una niña pequeña, sentada sobre una silla, ocupa un lugar central. Su expresión es serena, casi contemplativa, y su atuendo blanco resalta frente a los tonos más terrosos del resto de la composición. A su lado, una mujer, vestida con un vestido rojo intenso, se presenta como una figura protectora, aunque su mirada parece dirigida hacia otro punto, sugiriendo una cierta distancia emocional o preocupación.
A continuación, dos niños están reunidos alrededor de una mesa donde uno de ellos sostiene lo que parece ser un cuaderno o una hoja de papel sobre la cual está dibujando. La interacción entre estos personajes es palpable; se percibe una colaboración silenciosa y un vínculo afectivo. El niño a la derecha observa con atención el trabajo del otro, mientras que la niña sentada en la silla parece participar también en la actividad creativa.
En el fondo, una pintura al óleo, posiblemente un retrato familiar, se encuentra colgada en la pared. Esta imagen dentro de la imagen añade una capa adicional de significado a la obra, sugiriendo una reflexión sobre la memoria, la representación y la identidad familiar. La figura representada en el retrato parece observar a los presentes con una expresión melancólica o nostálgica.
La paleta cromática es dominada por tonos cálidos: rojos, ocres, amarillos y marrones, que contribuyen a crear una sensación de intimidad y calidez doméstica. Sin embargo, la pincelada suelta y el tratamiento difuso de las formas impiden una lectura demasiado literal de la escena, invitando al espectador a completar los detalles con su propia imaginación.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como la familia, la memoria, la infancia y la creatividad. La presencia del retrato en el fondo sugiere una reflexión sobre la representación familiar y la búsqueda de un lugar dentro de la historia personal. La expresión serena de la niña sentada en la silla podría interpretarse como una metáfora de la inocencia y la esperanza. En general, la obra transmite una sensación de quietud y contemplación, invitando a una reflexión profunda sobre los vínculos familiares y el paso del tiempo.