Rijksmuseum: part 3 – Nieulandt, Adriaen van (I) -- Allegorie op de vredestijd onder stadhouder Willem II, 1650
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La escena principal se desarrolla en dos niveles bien diferenciados. En el plano superior, una figura femenina, presumiblemente personificación de la Paz, avanza con gesto benéfico hacia dos personajes centrales: un hombre ataviado con armadura y un niño pequeño que lo acompaña. El hombre, probablemente un gobernante o líder político, se muestra en posición de autoridad, aunque su expresión es serena y receptiva a la ofrenda de paz. La mujer a su lado, vestida con ropajes más modestos, podría representar a la virtud o al pueblo.
En el primer plano, una multitud heterogénea se agolpa, mostrando un contraste dramático entre la serenidad del grupo central y la turbulencia que los rodea. Figuras alegóricas de la Justicia, la Fortaleza y otras virtudes se mezclan con personajes que parecen representar las artes, las ciencias y el comercio. En la parte inferior izquierda, una figura alada, posiblemente Victoria o una representación similar, pisa sobre armas rotas y símbolos de guerra, enfatizando el triunfo de la paz sobre el conflicto. La presencia de un león a los pies del gobernante sugiere valentía y poder real.
El uso de la luz es significativo: ilumina con intensidad a las figuras centrales, creando una sensación de trascendencia y divinidad, mientras que las áreas inferiores permanecen en penumbra, sugiriendo el caos y la oscuridad superados por la llegada de la paz. La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos dorados y azules que contribuyen a la atmósfera solemne y grandiosa de la obra.
Subyacentemente, la pintura parece celebrar un período de estabilidad política y prosperidad bajo el liderazgo del personaje central. La inclusión de figuras alegóricas y referencias mitológicas eleva el evento a una dimensión simbólica, sugiriendo que la paz no es solo un estado temporal, sino una bendición divina. La representación de las artes y las ciencias en el primer plano implica que la paz propicia el florecimiento cultural y económico. La composición, con su marcada jerarquía visual, refuerza la idea del poder legítimo y la importancia de mantener el orden social.