Rijksmuseum: part 3 – De Braekeleer, Ferdinand (I) -- Herberginterieur met figuren in zeventiende-eeuws kostuum., 1848
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En primer plano, una pareja joven está sentada en un banco frente a una mesa cubierta con un mantel sencillo. La mujer, vestida con un atuendo blanco y azul, parece observar al hombre que, sentado a su lado, sostiene una pipa entre sus dedos. Su expresión es difícil de interpretar; podría ser curiosidad, timidez o incluso ligera incomodidad. El hombre, ataviado con ropas coloridas – pantalones rojos y chaqueta verde –, irradia un aire despreocupado y jovial.
Detrás de ellos, en el fondo del espacio, se desarrolla una escena más animada. Un grupo de personas, también vestidas con trajes que recuerdan al siglo XVII, parece estar compartiendo un momento de ocio o celebración. Uno de los hombres, situado cerca de la ventana, levanta una copa en señal de brindis, mientras que otros observan atentamente lo que sucede. La presencia de un perro a los pies de la pareja añade un elemento de familiaridad y calidez a la composición.
La disposición de los objetos también es significativa. Una jaula con pájaros cuelga del techo, simbolizando quizás la libertad o el encierro. Un cesto lleno de frutas y verduras se encuentra junto a la mujer, aludiendo a la abundancia y la prosperidad. En la pared, una repisa sostiene utensilios de cocina, evidenciando la vida doméstica y las tareas cotidianas.
La pintura sugiere una reflexión sobre la nostalgia por el pasado, un interés en recrear escenas históricas con fidelidad y detalle. No obstante, más allá del mero ejercicio de reconstrucción histórica, se percibe una sutil crítica social. La representación de personajes de clase baja vestidos con ropas de época podría interpretarse como una forma de cuestionar las jerarquías sociales y la idealización del pasado aristocrático. El contraste entre la sencillez del entorno doméstico y la elegancia de los trajes crea una tensión que invita a la reflexión sobre la naturaleza de la identidad, el tiempo y la memoria. La escena, aparentemente idílica, se ve matizada por una cierta ambigüedad emocional, dejando al espectador con preguntas sin respuesta.