Rijksmuseum: part 3 – Maris, Jacob -- De molen, 1880-1886
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El molino está integrado en un paisaje caracterizado por una paleta de colores apagados: grises, verdes terrosos y ocres que evocan la humedad y el clima cambiante del norte de Europa. La luz es difusa, filtrada a través de un cielo cubierto de nubes densas, lo cual contribuye a la sensación de introspección y calma contemplativa.
En primer plano, una pequeña figura masculina, vestida con ropas oscuras, se encuentra cerca de un cuerpo de agua que parece ser un canal o dique. Su postura es encorvada, como si estuviera absorto en sus pensamientos o realizando alguna tarea rutinaria. La presencia humana es mínima, casi incidental, lo cual enfatiza la importancia del paisaje y su relación con el tiempo.
El agua refleja vagamente los elementos del entorno, creando una sensación de continuidad entre el cielo, el molino y la tierra. Se aprecian algunas embarcaciones rudimentarias amarradas a la orilla, indicando la importancia del transporte fluvial en esta comunidad rural.
La composición es deliberadamente sencilla, sin puntos focales dramáticos o elementos que compitan por la atención. La perspectiva es algo elevada, lo cual permite una visión panorámica del paisaje y acentúa la verticalidad del molino. El autor parece interesado en capturar no solo la apariencia visual de la escena, sino también su atmósfera emocional: un sentimiento de soledad, resistencia y conexión con la naturaleza. Se intuye una vida sencilla y laboriosa, marcada por el ritmo implacable del clima y la dependencia de los recursos naturales. La pintura evoca una reflexión sobre el paso del tiempo, la fragilidad humana frente a la fuerza de la naturaleza y la belleza austera del mundo rural.