Rijksmuseum: part 3 – Vinckboons, David -- De buitenpartij, 1610
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El primer grupo, situado a la izquierda, muestra a un joven que persigue a una dama ataviada con un elaborado vestido rojo. Un perro los sigue en la persecución, añadiendo un toque de ligereza y despreocupación a la escena. La interacción entre ellos sugiere un cortejo o juego romántico, capturado con gestos animados y miradas cómplices.
En contraste, el segundo grupo se presenta como una representación más formal y quizás satírica de la nobleza. Alrededor de la mesa, varios personajes masculinos, vestidos con ropas ostentosas y sombreros adornados, parecen absortos en su festín. Uno de ellos, inclinado sobre la mesa, parece estar bebiendo con entusiasmo, mientras que otro observa con una expresión ambigua, posiblemente de desaprobación o burla. La abundancia de comida y bebida contrasta con la figura caída al suelo a la derecha, un hombre aparentemente embriagado, cuya posición sugiere una crítica implícita a los excesos y la decadencia moral.
La luz juega un papel importante en la composición. Ilumina principalmente las figuras del primer grupo, resaltando su vitalidad y alegría, mientras que el segundo grupo se sumerge en una penumbra más densa, sugiriendo una atmósfera de opulencia y posible desorden. La paleta de colores es rica y vibrante, con predominio de tonos cálidos como el rojo, el dorado y el verde, que contribuyen a la sensación de lujo y exuberancia.
El autor parece haber querido ofrecer una visión dual de la sociedad de su tiempo: por un lado, la inocencia y el juego juvenil; por otro, los vicios y las frivolidades de la clase dominante. La presencia del palacio en la distancia podría interpretarse como un símbolo de poder y autoridad, pero también como un recordatorio de la distancia entre la vida despreocupada de los presentes y las responsabilidades que conlleva tal posición. En definitiva, la pintura invita a una reflexión sobre la naturaleza humana, el placer, la moralidad y las jerarquías sociales.