Rijksmuseum: part 3 – Bout, Pieter -- De aanbidding der herders, 1668-1719
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La iluminación, proveniente de un punto indeterminado sobre el grupo central, ilumina selectivamente a los personajes más cercanos al niño, creando fuertes contrastes con la penumbra circundante. Esta técnica no solo dirige la mirada del espectador hacia el foco principal, sino que también contribuye a generar una sensación de misterio y trascendencia. La luz parece emanar casi de lo divino, enfatizando la importancia del momento representado.
En la parte superior de la composición, un grupo de ángeles se despliega en el cielo nocturno, bañados por una luminosidad dorada que contrasta con la oscuridad del fondo. Su presencia refuerza la naturaleza sobrenatural de la escena y sugiere una conexión entre lo terrenal y lo celestial. La disposición de los ángeles, con sus alas extendidas, crea un movimiento ascendente que dirige la mirada hacia arriba, intensificando la sensación de elevación espiritual.
La representación de las figuras humanas es realista, aunque idealizada. Se observa una variedad de edades y tipos físicos, sugiriendo una universalidad en la experiencia religiosa. La vestimenta sencilla y los gestos humildes refuerzan la idea de que este acontecimiento divino trasciende las barreras sociales y económicas. El uso del claroscuro no solo sirve para resaltar el dramatismo de la escena, sino también para modelar las figuras, dotándolas de volumen y expresividad.
En cuanto a subtextos, se puede inferir una reflexión sobre la humildad y la sencillez como vías de acceso a lo divino. La representación del establo, un lugar modesto y marginal, contrasta con la importancia del acontecimiento que allí tiene lugar. La presencia de los animales –el perro, el burro, las ovejas– añade un elemento de rusticidad y naturalidad a la escena, enfatizando aún más la conexión entre lo humano y lo animal en este momento sagrado. La composición invita a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre la naturaleza del misterio religioso.