Rijksmuseum: part 3 – Geertgen tot Sint Jans -- De aanbidding der koningen, 1480-1485
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La mujer, vestida con un manto azul que resalta su quietud y dignidad, sostiene al infante con delicadeza, dirigiendo la mirada hacia el espectador. Su rostro irradia una serena aceptación del momento. A su alrededor, tres figuras masculinas se postran o extienden sus manos en señal de respeto. Una de ellas, de piel oscura, ofrece un objeto que parece ser un recipiente ricamente decorado; otro, con barba y vestimenta ostentosa, inclina la cabeza en una reverencia profunda; el tercero, más joven, presenta lo que podría ser un objeto precioso.
El paisaje sirve como telón de fondo complejo. A la izquierda, se alzan rocas escarpadas desde las cuales emergen figuras a caballo, posiblemente otros peregrinos o acompañantes. En la distancia, una ciudad fortificada se vislumbra sobre la línea del horizonte, difuminada por la atmósfera. Un puente arqueado, con su estructura imponente, define el límite derecho de la escena, creando un marco arquitectónico que enfatiza la solemnidad del evento.
La iluminación es uniforme y clara, sin contrastes dramáticos, lo que contribuye a una sensación general de paz y devoción. La paleta de colores es rica en tonos cálidos – rojos, dorados, azules – que acentúan el valor simbólico de las vestimentas y los objetos presentes.
Más allá de la representación literal del evento, se perciben subtextos relacionados con la universalidad de la fe y la aceptación de un nuevo orden. La diversidad étnica de los adoradores sugiere una invitación a la inclusión y al reconocimiento de la divinidad más allá de las fronteras culturales. El paisaje, con su combinación de naturaleza salvaje y civilización organizada, podría simbolizar la armonía entre lo terrenal y lo celestial. La disposición de los personajes, con sus gestos de sumisión y reverencia, transmite una poderosa declaración sobre la humildad ante lo sagrado. La escena evoca un sentido de anticipación y promesa, sugiriendo el inicio de una era nueva.