Rijksmuseum: part 3 – Bassano, Jacopo -- De rijke man en de arme Lazarus., 1544-1700
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En el lado izquierdo, la atención se centra en una figura mendicante, aparentemente un pobre, tendido sobre un lecho improvisado entre los escombros. Su cuerpo está sucio y maltrecho, con heridas visibles en sus extremidades. Un perro, símbolo de fidelidad y compasión, lo acuna, mientras que otros animales, como un gato, parecen indiferentes a su sufrimiento. Una mujer mayor, vestida con ropas modestas, le ofrece una vasija con algo para comer, mostrando una mínima muestra de caridad en medio de la miseria. Un joven, posiblemente un sirviente o criado, observa la escena con cierta curiosidad o incluso desinterés.
En contraste, el lado derecho del cuadro presenta un banquete lujoso. Una familia acomodada se sienta alrededor de una mesa rebosante de comida y bebida. Sus ropas son ricas y elaboradas, y sus rostros denotan satisfacción y despreocupación. Un perro doméstico está presente también aquí, pero en un contexto de comodidad y abundancia. La arquitectura del fondo sugiere una residencia señorial, con columnas y un balcón que ofrece una vista panorámica del paisaje.
El artista ha empleado la luz para acentuar las diferencias entre los dos grupos sociales. La luz es más intensa y cálida en el lado opulento, mientras que el lado de la pobreza está sumido en una penumbra más fría y sombría. Esta técnica refuerza la dicotomía entre riqueza y miseria, abundancia y carencia.
La presencia de los animales añade otra capa de significado a la obra. Los perros, tanto callejeros como domésticos, sirven como contrapunto visual y simbólico a las actitudes humanas representadas. El perro que acuna al pobre sugiere compasión y lealtad, mientras que el perro en el banquete simboliza la comodidad y el privilegio.
Subyace una crítica social implícita: la denuncia de la desigualdad económica y la indiferencia hacia los más desfavorecidos. La escena evoca temas bíblicos relacionados con la parábola del rico y Lázaro, invitando a la reflexión sobre la justicia divina y las consecuencias de la avaricia y la negligencia. La composición, aunque aparentemente narrativa, deja espacio para la interpretación individual, permitiendo al espectador meditar sobre la naturaleza humana y los valores morales. La disposición de los personajes y el uso del espacio sugieren una tensión latente entre los dos mundos representados, un recordatorio constante de las disparidades que existen en la sociedad.