Rijksmuseum: part 3 – Bosch, Jheronimus -- De gevangenneming van Christus., 1530-1550
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La composición está construida sobre una acumulación de figuras apretadas, creando una sensación claustrofóbica y de opresión. La luz, tenue y dirigida principalmente hacia el centro del grupo, acentúa la dramatización del momento, resaltando las expresiones faciales y los gestos violentos. Se percibe un juego de sombras que contribuye a la atmósfera sombría y perturbadora de la obra.
En primer plano, uno de los hombres parece estar en el acto de apuñalar al individuo central con una daga, mientras otro le cubre el rostro con sus manos, como si quisiera silenciarlo o humillarlo. A su alrededor, otros personajes observan la escena con diferentes reacciones: algunos parecen participar activamente en la agresión, mientras que otros muestran una actitud más ambivalente, quizás mezclando curiosidad y temor.
La vestimenta de los personajes sugiere una diversidad social; se distinguen figuras ataviadas con ropas clericales, junto a individuos vestidos con atuendos más mundanos. Esta heterogeneidad podría aludir a la participación de diferentes estratos sociales en el acto de violencia, o bien, a una crítica implícita hacia las instituciones religiosas y sus posibles complicidades.
El uso del color es igualmente significativo. Los tonos oscuros predominan, acentuados por destellos de rojo que enfatizan la sangre y la violencia. La paleta cromática contribuye a crear un ambiente opresivo y perturbador, reforzando el mensaje de sufrimiento y desesperación que emana de la escena.
Más allá de la representación literal del evento, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre temas como la injusticia, la traición y la crueldad humana. La imagen invita a la contemplación sobre la naturaleza del poder, la manipulación y el abuso, dejando al espectador con una sensación de inquietud y desasosiego. Se intuye una crítica velada hacia las estructuras sociales y religiosas que permiten o incluso fomentan este tipo de comportamientos.