Rijksmuseum: part 3 – Bril, Paul -- Winterlandschap, 1615-1650
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El primer plano está ocupado por grupos de animales: cerdos, ovejas y cabras pastan sobre un terreno irregular, delineado por una línea de vegetación escasa. La presencia de estos animales aporta una sensación de cotidianidad y laboriosidad a la escena. A su lado, figuras humanas se dedican a tareas pastoriles; uno de ellos parece estar recogiendo leña o frutos del suelo, mientras que otro observa el ganado con un gesto contemplativo.
Un elemento central en la composición es un árbol desnudo, alrededor del cual dos personajes interactúan. Uno de ellos, ataviado con ropas coloridas, se aferra a las ramas para escalar, mientras que el otro lo observa desde abajo. Esta escena introduce una nota de misterio y posible interacción social, aunque su significado preciso permanece ambiguo. La disposición del árbol también sirve como un punto focal visual, dirigiendo la mirada hacia el resto del paisaje.
En el plano medio, se extiende una llanura cubierta de nieve, salpicada por figuras humanas que parecen estar trabajando en el campo o simplemente transitando. La escala de estas figuras es diminuta en comparación con el entorno, enfatizando la inmensidad y la fuerza implacable de la naturaleza. Se percibe un cierto movimiento en esta zona, sugerido por las pequeñas siluetas dispersas.
El fondo se cierra con una población amurallada, ubicada sobre una colina distante. La arquitectura es sencilla y funcional, con edificios que parecen integrarse naturalmente en el paisaje. El cielo, cubierto de nubes grises y amenazantes, refuerza la sensación general de frío y desolación.
La paleta cromática se caracteriza por tonos fríos: azules, grises y marrones predominan, aunque hay destellos de color en las ropas de los personajes y en el follaje otoñal que aún persiste en algunos árboles. La luz es difusa y tenue, contribuyendo a la atmósfera sombría y melancólica del paisaje.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la relación entre el hombre y la naturaleza, la laboriosidad rural y la fragilidad de la existencia humana frente a las fuerzas naturales. La presencia de los animales sugiere una dependencia vital del entorno, mientras que la figura escalando el árbol podría interpretarse como un símbolo de ambición o búsqueda de algo más allá de lo inmediato. La población fortificada en la distancia evoca la idea de refugio y protección ante las inclemencias del tiempo, pero también puede sugerir una cierta vulnerabilidad inherente a la civilización. En general, el paisaje transmite una sensación de quietud contemplativa, invitando al espectador a reflexionar sobre la naturaleza transitoria de la vida y la belleza austera del mundo natural.