Rijksmuseum: part 3 – Ast, Balthasar van der -- Stilleven met bloemen., 1625-1630
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Aquí se presenta una composición de flores y elementos naturales dispuestas en un jarrón oscuro sobre una superficie horizontal. La abundancia floral domina la escena; una profusión de especies diversas – iris azules vibrantes, peonías pálidas, claveles blancos y rojos, amapolas escarlata, entre otras – se entrelazan con ramitas y follaje que se extienden más allá del borde del jarrón. La paleta cromática es rica y contrastante: los tonos fríos de los iris se equilibran con el calor de los rojos y naranjas presentes en las amapolas y peonías, mientras que la blancura de algunos claveles aporta luminosidad al conjunto.
El jarrón, de forma bulbosa y superficie texturizada, actúa como punto focal central, aunque su oscuridad absorbe la luz, creando una sensación de profundidad y misterio. La iluminación es uniforme, pero con sutiles gradaciones que resaltan las texturas de los pétalos y hojas, así como el brillo húmedo de algunas superficies.
En primer plano, sobre la superficie horizontal, se observan varios elementos adicionales: caracoles marinos de diferentes tamaños y un pequeño lagarto, casi camuflado entre las sombras. Estos detalles introducen una dimensión inesperada a la composición, rompiendo con la mera representación ornamental de las flores.
La presencia del lagarto, en particular, es significativa. En el contexto artístico de la época, los reptiles a menudo simbolizan la transitoriedad de la vida, la decadencia y la vanidad. Su inclusión sugiere una reflexión sobre la fugacidad de la belleza y la inevitabilidad de la muerte, un tema recurrente en las naturezas muertas del siglo XVII. Los caracoles, por su parte, pueden interpretarse como símbolos de renacimiento o transformación, aludiendo a la vida que emerge de la concha vacía.
La disposición aparentemente aleatoria de los elementos, lejos de ser casual, parece estar cuidadosamente orquestada para crear una tensión entre la exuberancia y la fragilidad, la belleza efímera y el paso del tiempo. La obra invita a la contemplación sobre la naturaleza cíclica de la existencia y la importancia de apreciar la belleza en su brevedad. El autor ha logrado plasmar un instante fugaz, cargado de simbolismo y sugerencias que trascienden la mera representación de objetos inanimados.