Rijksmuseum: part 3 – Maris, Jacob -- Molen bij maanlicht, 1899
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El paisaje se extiende hacia un horizonte brumoso donde se distinguen vagamente algunas construcciones, probablemente viviendas o graneros, sumergidas en la penumbra. En primer plano, una figura solitaria, vestida de oscuro, parece observar la escena con quietud, añadiendo una nota de melancolía y misterio a la composición. La vegetación, representada con pinceladas rápidas y expresivas, se presenta como un mar de tonos verdes oscuros y amarillentos, contribuyendo a la sensación general de humedad y quietud.
La paleta cromática es restringida, basada en una gama de grises, azules y ocres, que refuerzan el carácter sombrío y contemplativo del momento. La técnica pictórica se caracteriza por la pincelada suelta y visible, lo que confiere a la obra una textura vibrante y un aire de inmediatez.
Más allá de la descripción literal, esta pintura sugiere una reflexión sobre la soledad, la fragilidad humana frente a la naturaleza y el paso del tiempo. El molino, símbolo tradicional de trabajo y progreso, se presenta aquí como una estructura aislada, vulnerable a los elementos, evocando una sensación de desolación y decadencia. La figura solitaria en primer plano podría interpretarse como un observador silencioso, un testigo de la fugacidad de la existencia y la implacabilidad del destino. La luz lunar, aunque tenue, sugiere una esperanza latente, una promesa de renovación que se vislumbra a través de la oscuridad. El conjunto transmite una atmósfera de introspección y melancolía, invitando al espectador a contemplar la belleza austera y el misterio inherentes a la noche.