Rijksmuseum: part 3 – Lairesse, Gerard de -- Selene en Endymion, 1678
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El hombre, recostado sobre un manto rojo, se encuentra sumido en un sueño profundo, casi inerte. Su anatomía es robusta, pero su expresión carece de vitalidad, sugiriendo una pasividad voluntaria o incluso una especie de trance inducido por la proximidad de la figura celestial. A su lado, un puto alado sostiene una antorcha encendida, cuyo brillo contribuye a la atmósfera mágica y misteriosa del conjunto. La presencia del puto introduce un elemento de intervención divina o de deseo cumplido, reforzando la naturaleza mitológica de la escena.
El paisaje que sirve de telón de fondo es escaso en detalles, pero sugiere una extensión boscosa con elementos arquitectónicos apenas insinuados. El cielo nocturno está poblado de nubes difusas, lo que intensifica el efecto lumínico del astro lunar y contribuye a la sensación de irrealidad.
La composición se articula alrededor de un eje vertical marcado por la figura femenina y el orbe lunar, mientras que las líneas diagonales creadas por el lecho rocoso y la postura del hombre generan una dinámica visual que guía la mirada del espectador. La paleta cromática es rica en tonos fríos – azules, grises y blancos – con toques de rojo en el manto del hombre, lo que acentúa su vulnerabilidad y singularidad dentro de la escena.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el amor idealizado, la belleza efímera, el poder de los dioses y la naturaleza cíclica del tiempo. La relación entre la figura femenina y el hombre sugiere una dinámica de poder asimétrica, donde ella representa una fuerza superior que lo domina a través de su influencia celestial. El sueño del hombre puede interpretarse como una metáfora de la sumisión al deseo o a un destino ineludible. En definitiva, se trata de una representación cargada de simbolismo y sugerencias, que invita a la reflexión sobre los misterios del amor y el universo.