Rijksmuseum: part 3 – Potter, Paulus -- Een patrijshond, 1653
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El fondo se presenta como un paisaje rural difuminado, con árboles oscuros a la derecha y una extensión de terreno abierto en la distancia. En este plano lejano, se distinguen figuras humanas montadas a caballo, junto a otros perros de caza, sugiriendo una escena de cetrería o búsqueda. La atmósfera general es brumosa, lo que contribuye a la sensación de profundidad y a la focalización en el perro principal.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: marrones, ocres y verdes apagados, con toques de blanco para contrastar y resaltar los detalles del pelaje canino. La pincelada es suelta y expresiva, especialmente en la representación de la vegetación y el cielo nublado.
Más allá de la mera descripción de un perro de caza, la obra parece sugerir una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, así como sobre el papel del animal en la sociedad de la época. El perro no es simplemente un objeto estético, sino un compañero indispensable para la actividad cinegética, un símbolo de lealtad y utilidad. La presencia de los jinetes a lo lejos refuerza esta idea, situando al perro dentro de una jerarquía social que privilegia el dominio humano sobre el mundo natural. El detalle del pelaje y la expresión atenta del animal denotan un profundo respeto por su belleza y sus cualidades. Se intuye una valoración no solo de su función práctica, sino también de su valor intrínseco como criatura viva.