Rijksmuseum: part 3 – Asch, Pieter Jansz. van -- Zelfportret., 1640-1678
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La paleta de colores es predominantemente terrosa: marrones, ocres y tonos rojizos dominan tanto en la vestimenta del retratado como en el fondo oscuro que lo envuelve. Esta elección cromática contribuye a una atmósfera solemne y contemplativa. La luz incide sobre su rostro desde un lado, acentuando las texturas de la piel envejecida y creando un juego de sombras que añade profundidad al retrato.
Un elemento crucial es el lienzo que sostiene en su mano extendida, señalándolo con un gesto deliberado. En este lienzo se aprecia una escena campestre: árboles, vegetación y un cielo nublado sugieren un paisaje idealizado o quizás una representación fragmentaria de una obra en curso. La inclusión del lienzo no es meramente decorativa; funciona como una declaración sobre la identidad del retratado como creador, permitiéndole mostrar su trabajo al espectador.
El fondo, difuminado y oscuro, parece sugerir un estudio o taller, aunque los detalles son escasos. Se distingue una paleta de pintor apoyada en el muro, reforzando aún más la idea de que estamos ante un artista en su espacio de trabajo. La disposición del cuerpo y la mirada dirigida hacia el lienzo sugieren una conexión íntima entre el hombre y su arte; es como si estuviera invitando al espectador a compartir su visión creativa.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del oficio artístico, la relación entre el artista y su obra, y la inevitabilidad del paso del tiempo. La expresión facial del retratado sugiere una mezcla de orgullo profesional y quizás cierta resignación ante los desafíos inherentes a la creación artística. La presentación del lienzo como un objeto de exhibición podría interpretarse también como una forma de autoafirmación y búsqueda de reconocimiento en el mundo del arte. El gesto de señalar, además, implica una invitación a examinar más detenidamente la obra mostrada, invitando al espectador a participar en la reflexión sobre el proceso creativo.