Rijksmuseum: part 3 – Israëls, Jozef -- Moederweelde, 1890
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El espacio que ocupa la mujer es reducido, casi claustrofóbico, delimitado por paredes oscuras y rugosas cuya textura se acentúa con el paso del tiempo. Un pequeño escritorio o mesa auxiliar a su lado alberga una cesta con lo necesario para el trabajo de costura, así como un jarrón con flores que aportan un leve toque de color en la paleta dominada por tonos grises y marrones. En el suelo, se vislumbra una acumulación de objetos indefinidos, posiblemente herramientas o leña, que contribuyen a la sensación de pobreza y austeridad del entorno.
La ventana, elemento crucial en la composición, ofrece una vista difusa del exterior: un paisaje rural con árboles y edificios distantes, envuelto en una bruma que impide una identificación precisa. Esta perspectiva limitada refuerza el sentimiento de aislamiento y encierro que impregna la escena. La luz que entra por la ventana es suave y dispersa, creando una atmósfera de quietud y reflexión.
Más allá de la representación literal de una madre e hijo, esta pintura parece explorar temas como la maternidad, la vejez, la pobreza y el paso del tiempo. La figura de la mujer, con su rostro marcado por las arrugas y su postura encorvada, evoca la carga de los años y las responsabilidades familiares. El bebé, símbolo de inocencia y esperanza, contrasta con la melancolía que emana de la madre. La atmósfera general sugiere una vida marcada por la sencillez, el trabajo duro y quizás también la privación. La pintura no busca idealizar la realidad, sino presentarla con honestidad y sensibilidad, invitando a la contemplación sobre las pequeñas alegrías y las inevitables tristezas que conforman la experiencia humana. La técnica pictórica, con sus pinceladas sueltas y su paleta de colores apagados, contribuye a crear una atmósfera de intimidad y nostalgia.