Omar Rayyan – King Midas
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La paleta cromática es intensa y contrastada: el oro vibrante que lo cubre domina la composición, opuesto a los tonos fríos y azules del entorno. Esta yuxtaposición acentúa la extrañeza de la situación y sugiere un conflicto entre riqueza y sufrimiento. El lecho, con sus colores intensos, parece casi incandescente, contribuyendo a una atmósfera onírica o fantástica.
A los pies de la cama, reposa un leopardo, cuyo pelaje también exhibe destellos dorados, aunque en menor medida. La presencia del animal añade una capa de simbolismo complejo. El leopardo, tradicionalmente asociado con el poder y la realeza, aquí parece ser testigo pasivo o incluso cómplice de la desgracia del hombre. Su postura relajada contrasta con la agitación del protagonista, sugiriendo una indiferencia que intensifica su desesperación.
En la mesita de noche se aprecian objetos cotidianos: un reloj detenido, libros y otros elementos que apuntan a una vida interrumpida o alterada por este evento extraordinario. El reloj parado podría simbolizar la suspensión del tiempo, el fin de una era o la irreversibilidad de lo ocurrido. La disposición de los objetos sugiere un espacio personal invadido por una fuerza externa e incomprensible.
La pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del deseo y sus consecuencias. Se intuye una maldición, una transmutación descontrolada que ha convertido en oro no solo a los objetos, sino también al propio cuerpo del hombre. La escena evoca un sentimiento de aislamiento y desesperanza, donde la riqueza se convierte en una carga insoportable. El artista parece explorar la fragilidad humana frente a fuerzas superiores y las paradojas inherentes a la ambición desmedida.