Rijksmuseum: part 4 – Rembrandt Harmensz. van Rijn -- Borstbeeld van een man in oosterse kleding, 1635
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Aquí se observa un retrato de busto que centra la atención en un hombre de edad avanzada. La composición es sencilla: el sujeto ocupa casi todo el espacio visible, con una mirada directa al espectador que establece una conexión inmediata y penetrante. La iluminación, característica del artista, es dramática; un haz de luz ilumina el rostro y parte del cuello, dejando el resto sumido en la penumbra. Esta técnica, conocida como chiaroscuro, acentúa las arrugas profundas que surcan su piel, revelando una vida marcada por el tiempo y posiblemente, experiencias significativas.
El hombre viste un atuendo inusual: una turbante elaborado de tejido blanco, adornado con joyas sutiles, y una capa o manto de textura rica, presumiblemente de seda o brocado. La joyería que lleva –un collar de perlas y un adorno en la frente– sugiere un estatus elevado, posiblemente asociado a una cultura oriental. La barba blanca, densa y cuidada, contribuye a su apariencia venerable y digna.
Más allá de la representación literal, el retrato invita a la reflexión sobre temas como la identidad, la alteridad y la percepción cultural. La vestimenta exótica podría interpretarse como un símbolo de riqueza, poder o incluso una fascinación por lo lejano y desconocido en la Europa del siglo XVII, época marcada por las exploraciones comerciales y el interés por Oriente. Sin embargo, la expresión del hombre es ambigua; no se trata de una sonrisa triunfal ni de una mirada complaciente. Hay una cierta melancolía, quizás incluso un dejo de tristeza o resignación en sus ojos, que complejiza su retrato.
La ausencia de contexto narrativo específico permite múltiples interpretaciones. Podría ser un retrato idealizado de un gobernante oriental, una representación de un personaje literario exótico, o incluso un autorretrato disfrazado del artista, explorando así la identidad y el rol social a través de la personificación. La maestría reside en cómo el artista logra transmitir una sensación de profundidad psicológica sin recurrir a elementos anecdóticos; es la mirada, la textura de la piel, la sutil modulación de la luz lo que revela la complejidad del personaje representado. La obra evoca un sentido de misterio y trascendencia, invitando al espectador a contemplar no solo la apariencia física, sino también la historia oculta detrás de esa mirada penetrante.