Rijksmuseum: part 4 – Gogh, Vincent van -- Zelfportret, 1887
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La paleta cromática es dominada por verdes, azules y ocres, aplicados con pinceladas gruesas y visibles que confieren a la superficie una textura vibrante y casi táctil. La luz incide principalmente sobre el rostro, resaltando los ojos penetrantes y la barba rojiza, mientras que el resto del cuerpo se sumerge en una penumbra sugerida por las pinceladas rápidas y fragmentarias.
El autor ha empleado un tratamiento expresionista de la forma: los rasgos son ligeramente exagerados, lo que contribuye a transmitir una sensación de inquietud e introspección. La mirada es directa, casi desafiante, pero también revela una profunda melancolía. La boca se muestra tensa, como si contuviera una expresión reprimida.
El sombrero, con su textura rugosa y sus líneas horizontales, actúa como un elemento estabilizador en la composición, aunque no logra mitigar la sensación general de tensión que emana del retrato. El abrigo, con su patrón complejo de pinceladas, añade otra capa de complejidad visual.
Más allá de la representación física, el autorretrato parece explorar temas relacionados con la identidad y la vulnerabilidad. La intensidad de la mirada sugiere una búsqueda de autenticidad, mientras que la expresión melancólica insinúa un conflicto interno o una profunda sensibilidad ante el mundo. La técnica pictórica, con su énfasis en la pincelada visible y los colores contrastantes, refuerza esta impresión de fragilidad y complejidad emocional. Se intuye una lucha interna, una confrontación consigo mismo reflejada en la crudeza del gesto y la intensidad del color.