Rijksmuseum: part 4 – Bosch, Jheronimus -- De Geboorte, 1550-1600
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A la izquierda, una mujer, envuelta en un manto marrón, inclina sus manos en un gesto de reverencia o súplica. Su rostro, aunque sereno, denota una profunda introspección. A su lado, un buey de pelaje oscuro se acerca al pesebre, su cabeza ocupando una parte significativa del primer plano y contribuyendo a la sensación de intimidad y cercanía. En el extremo derecho, otra mujer, vestida con ropajes carmesí, observa al niño con una expresión que mezcla contemplación y quizás, cierta melancolía.
Entre estas figuras femeninas, un hombre, ataviado con una túnica oscura, se encuentra de pie, sosteniendo lo que parece ser una herramienta o instrumento de metal. Su presencia es más distante, menos emotiva que la de las mujeres, aunque su mirada está dirigida hacia el niño. Un grupo de niños pequeños, con expresiones variadas – curiosidad, alegría, quizás incluso un toque de inquietud – se agolpan en torno a los adultos, creando una atmósfera de asombro y expectación.
En el fondo, la escena se desdibuja ligeramente, mostrando fragmentos de arquitectura y elementos naturales: un muro de piedra con aves posadas, un paisaje distante que sugiere un horizonte amplio y abierto. A la izquierda, se vislumbra una figura masculina en una postura tensa, como si estuviera observando la escena desde lejos o participara en ella de manera indirecta.
La iluminación es desigual, concentrándose principalmente sobre el niño y las figuras más cercanas al pesebre, lo que acentúa su importancia dentro del conjunto. El uso del color es deliberado: los tonos terrosos dominan la paleta, contrastando con el carmesí de la vestimenta de una de las mujeres y el verde intenso del telón de fondo.
Más allá de la representación literal de un nacimiento, la obra sugiere una serie de subtextos. La presencia de los animales – el buey y lo que parece ser una mula (aunque parcialmente oculta) – evoca referencias bíblicas y simbólicas asociadas con la humildad, la pureza y la divinidad. La disposición de las figuras, con su variedad de expresiones y actitudes, apunta a una reflexión sobre la fe, la esperanza y el misterio del nacimiento divino. La figura masculina en segundo plano podría interpretarse como un símbolo de la humanidad observando o participando en este evento trascendental. En definitiva, se trata de una composición compleja que invita a la contemplación y a la interpretación simbólica.