Rijksmuseum: part 4 – Brouwer, Adriaen -- De roker
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En primer plano, un hombre joven está sentado sobre una superficie elevada, presumiblemente una repisa o banco. Su postura es relajada, casi desgarbada; una pierna colgando libremente mientras la otra se apoya en el suelo, y su cuerpo inclinado hacia adelante para disfrutar de una pipa que sostiene con destreza. Viste ropas sencillas, de tonos claros y desgastados, lo que sugiere un origen humilde o una ocupación manual. Su rostro, parcialmente iluminado por la luz tenue que emana de la pipa, muestra una expresión de satisfacción despreocupada, casi embelesada. La atención se concentra en su gesto, en el acto mismo de fumar, que parece ser el único propósito de su existencia en ese momento.
Detrás de él, en un segundo plano más oscuro y difuso, se vislumbra otra figura masculina. Esta segunda persona está de pie, apoyada contra una pared, con las manos cruzadas sobre la parte delantera del cuerpo. Su atuendo es más elaborado que el del primer hombre; viste ropas de colores vivos, aunque también muestran signos de uso y desgaste. La postura de este individuo transmite una sensación de impaciencia o quizás de desaprobación hacia la conducta del otro. No se le ve el rostro con claridad, lo que contribuye a su carácter enigmático y a la ambigüedad de su papel en la escena.
El mobiliario es escaso y rudimentario: un banco tosco, una mesa cubierta por un paño oscuro, y algunas vasijas o recipientes dispersos. La iluminación juega un papel crucial en la creación del ambiente; las sombras profundas ocultan detalles importantes y sugieren una sensación de misterio y opresión.
La pintura plantea interrogantes sobre la clase social, el ocio, y la moralidad. El contraste entre los dos hombres sugiere una diferencia de estatus o quizás una crítica a la indulgencia y al hedonismo. La escena podría interpretarse como una representación de la vida cotidiana en un entorno rural o urbano del siglo XVII, donde las diferencias sociales eran marcadas y el placer sencillo era apreciado con intensidad. El acto de fumar, además de ser una actividad recreativa, puede simbolizar la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del paso del tiempo. La atmósfera general es melancólica, pero también invita a la reflexión sobre la condición humana y las pequeñas alegrías que nos permiten soportar las dificultades de la existencia.